Juan Dalmau

Tribuna Invitada

Por Juan Dalmau
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Los tiempos de la quiebra colonial

Se consumó lo anticipado: la colonia quebró. La causa, las limitaciones estructurales de un régimen colonial mal administrado y desfalcado por gobiernos Populares y Penepés.

Por años el Partido Independentista Puertorriqueño señaló las trampas fiscales a las que iba dirigida la economía de Puerto Rico y sus potenciales nefastas consecuencias. Desde la década de 1950, don Gilberto Concepción de Gracia advirtió sobre las limitaciones del Modelo de Fomento Industrial y la peligrosa encerrona colonial dentro del mercado norteamericano que constituía dicho modelo.

Las advertencias hechas por el PIP y otros sectores, desde entonces hasta el presente, a los efectos de que un régimen colonial mal administrado, amparado en la estrategia institucional de acentuar aún más la dependencia, debilitar la participación del capital local en la inversión y no fomentar la capacidad para generar ahorros internamente, traería como consecuencia una crisis fiscal y financiera, así como el colapso total del sistema económico del ELA. 

En la década del 70 y de manera actualizada en décadas posteriores propusimos un nuevo plan de desarrollo económico dirigido a retener el capital manufacturero norteamericano y, además, a atraer capital adicional de otros países industriales. Hemos insistido por casi 30 años que de no imponerse una contribución mínima de 10% al ingreso de las corporaciones exentas foráneas, llegaría el momento en que sería imposible pagar las obligaciones del gobierno ante la falta de ingresos.

Sin embargo, tanto gobiernos populares como penepés se hicieron de oídos sordos e ignoraron no sólo las propuestas del PIP, sino las advertencias de figuras del mundo económico como el Premio Nobel de Economía, James Tobin, quien en los 70’ le indicó al entonces gobernador, Rafael Hernández Colón, que si el gobierno de Puerto Rico continuaba endeudándose al ritmo que llevaba eventualmente se daría una situación de un déficit fiscal inmanejable y de un presupuesto que no cumpliría con el requisito de ser uno equilibrado; condenando al país a una espiral de endeudamiento creciente sin que pudiese contar con los recursos financieros para enfrentar el servicio de la deuda, es decir el pago de los intereses y el principal.

 En palabras de Rubén Berríos para esa época, el país estaba destinado a la bancarrota y al mantengo.

Desde entonces, se señaló además la situación de déficit actuarial en los sistemas de retiro y se anticipó desde mediados de los años 80 que si el gobierno no tomaba acción haciendo aportaciones adicionales o los ajustes pertinentes también colapsarían. 

Del mismo modo, anticipamos que con el cabildeo de sectores empresariales estadounidenses, cuyas empresas estaban ubicadas en estados, los días del mantengo corporativo en el territorio de Puerto Rico a través de la Sección 936 estaban contados. 

En aquel momento propusimos un plan a base de la Sección 901 de Código de Rentas Internas Federal para proteger los empleos de ese sector. La advertencia y el antídoto, también fueron ignorados por la miopía administrativa de gobiernos rojos y azules.

El hecho de que Puerto Rico entra ahora a un proceso de quiebra lo que significa es que el país estará a merced de un grupo de tecnócratas, analistas financieros y abogados, designados por una jueza federal, que fue nombrada por el presidente del Tribunal Supremo de EEUU. Estará en manos de ellos la asignación o canalización de fondos para el día a día de los puertorriqueños. 

Su cálculo será estrictamente aritmético dirigido al pago de la deuda, por lo que su consecuencia será un mayor empobrecimiento del país (ya enfrentando más de una década de depresión económica) y el desmantelamiento de servicios en áreas esenciales como salud, educación, retiro y vivienda.

Es sumamente difícil predecir la magnitud del golpe económico a mediano y largo plazo de esta declaración de quiebra, de un país con un sector cada vez más grande de su población empobrecida y una clase media que ha venido a menos,  que ya tiene la carga contributiva mayor sobre sus espaldas. De lo que no hay duda, es que según el diseño de la JCF y el Plan Fiscal, a base del cual se está legislando, el golpe mayor será contra la clase media: el empleado público, privado y el jubilado.

Lo triste, vergonzoso y perverso de esta historia es que llegamos al desenlace de la quiebra no por falta de advertencias e ideas.

¿Qué hacer ahora en tiempos de quiebra colonial?

Desde el PIP insistimos en que para salir de este abismo es indispensable acabar con el régimen de privilegios contributivos para las corporaciones foráneas; desafiar los dictámenes de PROMESA; auditar y renegociar los términos de pago de la deuda; e instaurar una reforma contributiva integral y balanceada que le facilite al Departamento de Hacienda la fiscalización del sistema y termine con las exenciones, créditos y deducciones injustificados que evitan mayores recaudos de sectores que en justicia podrían estar aportando más. Insistimos en un sistema de salud robusto, sin intermediarios privados, en el que el paciente y el proveedor del servicio fuesen protagonistas principales.

Pero, sobre todo y como paso de umbral, es urgente superar el sistema colonial actual. A esos fines, el plebiscito enmendado para dar acomodo razonable a los designios imperialistas del Secretario de Justicia Federal imponiendo la colonia como opción, no solo resulta humillante sino política y jurídicamente ilegítimo. Ante eso, las fuerzas anticoloniales iremos al boicot como acción militante y consciente en repudio de la inclusión de la opción colonial.

Al independentismo, por nuestra parte, nos corresponde insistir y orientar al pueblo sobre una nueva estrategia económica, amparada en los poderes de la independencia, que nos permita proteger nuestra producción agrícola, comercial e industrial; sustituir importaciones; insertarnos en la economía interdependiente del presente para, no sólo abrirle paso al capital puertorriqueño, sino para ampliar las fuentes de capital y atraer empresas tanto norteamericanas como japonesas, europeas y de otras partes del mundo, mediante tratados comerciales de carácter multilateral. 

Nos corresponde en esta nueva etapa histórica trabajar para que se abran los ojos y las conciencias de aquellos que en el pasado, aun ante las advertencias, las tuvieron cerradas. 

Ahí está el mapa de ruta en estos tiempos de quiebra y colapso colonial para dirigir nuestra patria a un futuro de libertad y progreso.

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