Edwin Ocasio Feliciano

Tribuna Invitada

Por Edwin Ocasio Feliciano
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Los vientos de la desconfianza

Vientos azotaban con fuerza los hogares puertorriqueños, las calles se llenaban de agua y uno a uno los árboles iban cayendo. La electricidad y señal telefónica se iban perdiendo poco a poco, y con ellos se derrumbaban las primeras columnas del gobierno de Ricardo Rosselló. La imagen proyectada en los preparativos del huracán dictaba mucho de la respuesta del gobierno ante la crisis.

Durante días el gobierno no informaba sobre la situación de municipios, la desesperación iba creciendo en la diáspora puertorriqueña, quienes no tenían información de sus familiares. El gobierno de Ricardo Rosselló, -sin ni siquiera hacer el esfuerzo- alegaba que no podían llegar a pueblos, mientras periodistas y grupos de rescatistas llegaban a los municipios e informaban. En muchos casos los alcaldes, con recursos limitados llegaron a San Juan para informar sobre las condiciones y necesidades de sus municipios.  Ahí comenzaba a despertar la curiosidad boricua en cuanto a la capacidad del gobierno de Rosselló para trabajar con la situación.

Luego del paso del huracán las pocas emisoras que lograban transmitir se convirtieron en la voz de la gente, y era el medio para recibir información lejos de la realidad provista por el gobierno. Las comunidades, los alcaldes y organizaciones abrían paso en los pueblos, y sin recursos se ayudaban unos a otros, mientras el gobierno de Rosselló, -que alegaba tener todo bajo control- seguía sin llegar. Aunque ya había pasado el huracán, el gobierno de Ricardo Rosselló comenzaba a sentir los primeros vientos de la falta de control y liderazgo.

El gobierno central anunciaba con bombos y platillos la iniciativa Unidos por Puerto Rico, -que nos enteramos en estas semanas- que fue creada por contratistas cercanos a la estructura política del gobernador, que monopolizaba la entrega de ayudas provenientes de fuera de la isla, para dar la impresión de que provenían por parte del gobierno estatal. Todo se hacía lento, las ayudas no llegaban por la espera del vídeo o la foto que resaltara a la primera familia. El desespero llegó. Ya todo se había salido de control. Los vientos que ponían en duda la capacidad del gobernador para liderar ya estaban en la isla.

Con vientos de categoría cinco llegaron las ráfagas que destruyeron la credibilidad del gobierno. Fueron los nebulosos contratos como el de Whitefish los que inundaron de desconfianza las mentes puertorriqueñas y que permitieron ver lo que realmente se estaba fraguando. Semanas de defensa por parte de Rosselló del contrato de 300 millones a una compañía con dos empleados, y sin recursos; amapuchamiento en las estadísticas presentadas sobre las muertes por el paso de María y como si no fuera suficiente la inundación otro golpe de agua llegaba, el montaje de Unidos por Puerto Rico.

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