Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Los vientos de María siguen soplando

El argumento de la complejidad de los terrenos, utilizado tanto por funcionarios federales como del gobierno de Puerto Rico para explicar el retraso en los trabajos de recuperación eléctrica tras el paso del huracán María, es válido, pero no suficiente.

Es cierto que la topografía boricua es complicada y que las condiciones atmosféricas en el trópico son difíciles de pronosticar, pero si la respuesta gubernamental a la emergencia energética hubiera sido adecuada, el país seguramente habría recuperado ya la normalidad al 100 por ciento.

La consecuencia más triste de la actuación gubernamental ha sido que, en números oficiales, el 6% de los abonados sigue hoy sin luz. Ese estimado oficial, que para muchos es demasiado conservador, representaría 100,000 clientes y tres veces más ciudadanos, si tomamos en cuenta que la Autoridad de Energía Eléctrica dice que tiene 1.5 millones de abonados.

Ahora, tras la publicación de informes que comparan la respuesta federal a María en Puerto Rico versus la que se dio a Texas tras el huracán Harvey, comprobamos que aquí se ha hecho menos, mucho menos, y que al traspiés de la AEE con la contratación negligente de Whitefish Energy y otras decisiones erradas, hay que sumarle la actuación de las agencias federales.

Según publicó días atrás El Nuevo Día, las estadísticas sobre el envío de suministros, personal y equipo a Puerto Rico, principalmente en los primeros seis a 10 días, reflejan que la respuesta federal inicial fue hasta tres o cuatro veces menor que en Texas durante ese mismo período después de Harvey.

Los números asustan.

A seis días de Harvey, el gobierno federal había destinado 73 helicópteros a Texas, pero Puerto Rico recibió apenas 70 de esas unidades aéreas a tres semanas de María.

En los primeros nueve días tras Harvey, la devastada ciudad de Houston recibió 5.1 millones de platos de comida, 4.5 millones de litros de agua y 20,000 toldos azules. En Puerto Rico las raciones de alimentos y de agua fueron tres veces menos en el mismo período post María, y los toldos azules apenas llegaron a 5,000 cuando había informes de hasta 200,000 viviendas afectadas.

Nueve días después de Harvey, en Houston había 30,000 personas activadas por el gobierno federal. En Puerto Rico, después de María, alrededor de 10,000.

Y si hablamos de la ayuda federal a familias cuyas viviendas sufrieron daños como consecuencia de María, ocupamos el noveno lugar de los 11 ciclones atendidos desde Katrina en 2005.

Tanto el contrato de $300 millones otorgado por la AEE a Whitefish, que tuvo que ser derogado bajo presión pública y congresional, como dos contratos federales concedidos para comidas y toldos en Puerto Rico, están bajo investigación y esperamos que se fijen responsabilidades.

Tristemente, seis meses después de María, los vientos huracanados no han amainado, traducidos en una dramática emigración forzosa, mayor inseguridad laboral y un drástico incremento en los índices de pobreza.

¿Cómo se compensa todo ese daño?

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