Rafo Muñiz

Tribuna Invitada

Por Rafo Muñiz
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Lucecita nos hizo llorar

Un fenómeno atmosférico con nombre de mujer nos marcó, nos estropeó y nos recordó que la naturaleza es la que manda y que nuestra raza boricua tiene que crecerse en momentos como éstos.

En medio de ese huracán que no cesa, otros fenómenos puertorriqueños se adueñaron de las noticias la semana pasada, Residente y Fonsi llevando la voz cantante. Pero en mi opinión, la que marcó esta entrega de los premios Latin Grammy 2017 fue la extraordinaria Lucecita Benítez, quien con su premio especial nos alegró, nos llenó de orgullo patrio en medio del “carajal” que vivimos en esta ínsula llamada Puerto Rico.

Cuando en julio de este año, el presidente de la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación (LARAS), Gabriel Abaroa, me informó de manera confidencial que esta organización reconocería el trabajo de la más importante voz puertorriqueña de la historia, Luz Esther Benítez, vibré de emoción y derramé lágrimas de alegría. No por ser su “manager o jefe”, como ella cariñosamente me dice, sino por el orgullo nacional que me provocó como puertorriqueño que sus pares a nivel internacional, sin presión de un sello disquero, un relacionista público o medio de comunicación, de manera unánime decidiera conferir tan merecido honor a una mítica y exitosa carrera de medio siglo.

De inmediato, me remonté a dos eventos vividos por mí: el día que Lucesita triunfó en el Primer Festival de la Canción Iberoamericana en México en 1969 con la canción “Génesis” de Guillermo Venegas LLoveras, y la noche que con un álbum concebido en complicidad con Olga Tañón (Olga Viva, Viva Olga) la vi ganar en 1999 en Los Ángeles su primer Grammy, convirtiéndose en la primera cantante boricua en recibirlo.

Nuestras dos fulgurantes estrellas son queridísimas por el pueblo, cada cual en su estilo, momento y tiempo. Sin lugar a dudas, ambas son inmensamente talentosas y tienen con una personalidad de fuego.

Estaba escrito. Casi 20 años y mil historias después de recibir ese histórico primer Grammy, le tocó a Olga (con humildad y gallardía) presentar a su compatriota el Premio Especial de Excelencia Musical de la Academia.

Lo pude vivir en vivo desde una computadora en mi habitación de hotel en Tenerife, Islas Canarias, donde estoy laborando con otro de los mimados nuestros, Gilbertito Santa Rosa, quien se presentó en concierto esa noche como parte de sus “40…y contando”.

Ver a Rubén Blades, Lin Manuel Miranda, Alejandro Sanz y tantas otras figuras mundiales reconocer con suma humildad a Luz Esther (“Living Legend” lee el Twitter de Lin Manuel). Ver el blog de un joven y exitoso “influencer” como Molusco, quien afirmó que Lucesita Benítez es “la entrevista realizada más importante de mi vida”, me inundan nuevamente mis ojos de lágrimas de alegría y respeto hacia esa mujer que hoy me honra al dejarme colaborar con su carrera.

Ese momento “kodak” en Las Vegas despertó en mí chispas de luz y de fuego: observar a la industria musical latina convocada en Las Vegas emocionarse y aplaudir de pie por minutos a la nuestra en el momento de la presentación del premio. Esa vibrante voz de Olga, en esta ocasión quebrada, seguramente por la emoción y el respeto que le profesa a la Voz Nacional.

Nuestra Lucecita, la que nos dice “que cuando sobre esta tierra no haya ya ni dolor, solo habrá una lumbre y esa será el amor”. Lucecita, la que aún ruge, y hace que se nos erice la piel cuando aguerrida nos regala “Alabanza, alabanza para ellos y para su (nuestra) patria, Alabanza”. La VOZ que nos recuerda que somos de “Una raza pura y rebelde” y la que afirma a todo pulmón, “que a pesar del otoño, creceremos”.

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