Carlos Dalmau Ramírez

Tribuna Invitada

Por Carlos Dalmau Ramírez
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Lucidez y poder para la reconstrucción

““Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen”. (Mateo 13, 16)

Mira a tu alrededor. No atiendas las habladurías. Olvídate de declaraciones oficiales, promesas políticas y metáforas publicitarias. Confía solo en tus ojos. ¿Qué ves? Verás, por ejemplo, a cientos de miles de puertorriqueños que acuden a su trabajo todos los días y se afanan para poner pan en su mesa. Verás a miles de estudiantes con ansias de aprender, en las aulas y fuera de ellas, sobre el mundo, sobre la vida y sobre su país, que está sumido en la crisis. Verás a millones de puertorriqueños que desde la diáspora nos buscan y no olvidan a su Puerto Rico, cuyo futuro también es el de ellos. Te dices que junto a todos ellos vale la pena dar tu batalla.

Mirarás el almanaque y verás que corre el mes de diciembre de 2017, ya casi meses desde María. No pasarás por alto que, igual que la mitad del país, aun no tienes luz. Notarás semáforos inservibles que perpetúan el tapón, los retrasos y el desorden. Te percatarás de la infraestructura del país que se nos viene abajo, las carreteras agrietadas, los edificios dilapidados, pueblos hechos polvo, zonas venidas a menos. Y, por supuesto, te perturbarán los escombros, los desperdicios que se multiplican y que se exhiben por todas partes.

Contemplas las filas en el aeropuerto y los viajes de ida sin vuelta. Te preguntas: ¿cuándo volverán? o, con más tristeza, ¿volverán? Pero nada te impacta más que las imágenes de la pobreza. Conocías de esta pobreza antes de María, pero no la veías. Ellos mismos no se veían. Ahora nos vemos todos y te preguntas en silencio: ¿dónde quedó la promesa de justicia social y oportunidades para todos?

Afinas el oído y escuchas con atención las cosas que dicen los políticos de acá y de allá. Notas la desconexión, el intento de manipulación y la distorsión de la realidad en sus fantasías retóricas. Te propones soportar la puesta en escena de un gran teatro del absurdo, donde todos -la Junta, el gobierno, los inversionistas y los líderes políticos- juegan a acrecentar su poder a expensas de un pueblo carente poder.

Sabes que vivimos en una democracia secuestrada, en un país arrasado por huracanes, deudas, e incompetencia gubernamental. Deliberas tus opciones. Miras esta dura realidad con calma y lucidez. Encuentras, de pronto, una sensación de libertad, un inusitado asomo de entusiasmo. No en balde dijo San Pablo que la verdad os hará libres. Respondes al llamado de vivir con apertura a la verdad, sea cuál sea, sin miedo, fiel a tus valores, dándolo todo por la gente que amas.

Te convences de que no puedes esperar por los líderes políticos, ni por los viejos partidos desgastados, para que te muestren el camino. Igualmente inútil te parece esperar por soluciones recetadas, vengan de los titanes de empresa o de los genios de la economía. Recuerdas las palabrasde Madre Teresa: “No esperes por líderes, hazlo tú solo, persona a persona”. Y sientes las fuerzas y el empuje de quien se libera de unas pesadas cadenas ancestrales. La solución está en ti.

Descubres finalmente el poder de uno y que gracias a ese poder tienes la posibilidad de cambiar las circunstancias. Que la vida tiene sentido en la medida que impactas otras vidas para bien. En la suma de esos impactos está la Reconstrucción de Puerto Rico. Nada de esto es imposible, siempre y cuando estés dispuesto a vivir con los ojos abiertos a la realidad. Te comprometes a vivir con lucidez. Ahí está tu poder.

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