Orlando Parga

Elecciones 2020

Por Orlando Parga
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“Mad Men” en Puerto Rico

Los autores del libreto de “Mad Men” – la exitosa serie inspirada en la poderosa industria publicitaria de Madison Avenue – se habrían maravillado con el material que les pudo proporcionar la influencia alcanzada por esa industria en la política puertorriqueña. Atrás quedaron los tiempos cuando los publicistas Samuel Badillo, Leslie Highley y Joe Franco aunaron su experiencia profesional a la pasión ideológica que les identificaba a sus partidos Popular y Progresista, hasta desarrollarse como exitosos estrategas de campaña electoral. En aquella época era el líder político el que sometía su programa y candidatura al publicista para que este diseñara su plan de campaña y así venderlo a la opinión pública; hasta que en algún punto el síndrome “Mad Men” se impuso, los roles se invirtieron y el publicista adquirió poder decisional sobre el político o candidato, ejecutando la estrategia que parió un laboratorio de publicidad.

En ese camino se perdió la idea, el programa o concepto, suplantados por la teoría de que el poder justifica los medios… primero persigues el poder, y después lo usas para imponerte. Así llegó la ficción del fracaso: la venta de imágenes como cebo para la pesca de votos; partidos y candidatos que juegan con sus ideales, metas de política pública disfrazadas para acomodarlas al mensaje publicitario; el PPD usa y desusa el voto presidencial o la libre asociación a conveniencia electorera; el PNP saca la estadidad para movilizar sus huestes cuando se acercan las elecciones.

Esta artificialidad que reina sobre nuestras instituciones democráticas es más tóxica cuando se combina con el acto de gobernar. No se gobierna con apariencia sino con hechos. Como mostró la experiencia en la ciudad de New Orleans y estado de Louisiana tras Katrina, la recuperación es lenta. Nuestra economía colonial todavía no supera a María, y ahora, además enfrenta la consecuencia impredecible de los terremotos en el suroeste. El manejo de crisis puede ser tanto bendición como maldición para el líder que gobierna: lo invita a crecerse o lo arrastra al abismo. Es innegable que fue su manejo sensato y sereno de la “crisis de verano del 2019” lo que sacó a la gobernadora Wanda Vázquez de la cápsula burocrática en que se encontraba aislada hasta proyectarla – a sorpresa de muchos – como viable candidata a revalidar por cuenta propia en las elecciones de 2020. La promesa de que sus estilos de gobernar romperían con los vicios del pasado fue lo que impregnó de legitimidad su aspiración de ser electa por su propio mérito. Y ahora, más que los chavos que le recauden, estrategias que maquinen asesores y argucias que inventen los publicistas de campaña, serán las decisiones y los actos de la gobernadora Wanda Vázquez en el manejo de la nueva crisis de los terremotos lo que determinará si será la nominada de su partido y la favorecida por el pueblo el 3 de noviembre.

Me pregunto si en La Fortaleza lo saben.


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miércoles, 5 de febrero de 2020

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