Cezanne Cardona Morales

Tribuna Invitada

Por Cezanne Cardona Morales
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Maestro o policía

¿Maestro o policía? Esa fue la pregunta que le hicieron a Luis Palés Matos cuando murió su padre. Su primo fue quien plantó el dilema. Vivía en la casa del joven poeta desde que quedó huérfano, y a la semana de la muerte de su tío ya tenía un trabajo. Pero Palés apenas tenía quince años y, de golpe, sus primeros poemas comenzaban a mentirle: no era cierto que Guayama oliera a yerba fresca. “Que me quiten esos cañaverales de los ojos”; “que se lleven aquel mar y traigan otro menos azul”, escribirá después.

Cada vez que escuchaba a su madre coser para pagar los intereses acumulados de la hipoteca, o su primo llegaba de la Central Bustamante con víveres o vendían algún mueble para evitar que los dejaran en la calle, le venía la preguntita a la cabeza.

¿Maestro o policía? Un trauma de la niñez lo llevó a descartar ser policía. En un pasadía escolar por el campo, cada niño llevó un utensilio de caza, pesca o cocina: un niño llevó un rifle de balines, otro una sartén, Palés un cuchillo de cocina. Cuando llegaron a una charca encontraron a una mujer flotando en agua y sangre. Tan pronto llegó la policía y dijeron que la mujer había sido acuchillada, Palés corrió aterrorizado. En sus sueños de niño, un policía lo perseguía. Tampoco lo ayudaba vivir cerca de una cárcel. Por las tardes, subía a las ramas de un almendro y veía a los presos asomados a las rejas pidiéndole cigarrillos al que pasaba, piropeando a las damas o simplemente cantando. Tal vez los pájaros que visitan las rejas de sus poemas sean esos carceleros.

¿Maestro o policía? Su padre había sido maestro rural, pero el sueldo no rendía. Bajo el brazo, su padre traía libros de poesía y el respeto del barrio, pero los agujeros de los zapatos seguían creciendo. Huyéndole al magisterio, Palés fundó una revista con el joven Muñoz Marín; vivirían de las subscripciones. Pero Muñoz Marín se marchó a Nueva York con la revista. Tiempo después, Palés no podrá creer que su amigo Muñoz Marín fuera tan mal maestro y tan buen policía: pésimo para explicar el ELA, efectivo a la hora de perseguir independentistas.

¿Maestro o policía? Entonces lo intentó. Le consiguieron una licencia provisional y ejerció de maestro rural en el barrio Carite, en Guayama. Se alojó en una de esas casuchas trepada en sancos, aledaña a la escuela. Dormía en un catre que sus vecinos le prestaron. Un amigo suyo, también poeta, cuenta que una noche Palés se despertó asustado por un extraño ruido que venía de debajo de la casa. Era como si alguien intentara meter una mano por entre las tablas. Despertó a sus vecinos, salieron con machetes y linternas y cuando alumbraron vieron un cabro que se había encajado los cuernos. Pero lo que colmó su paciencia magisterial fue la noche en que escuchó carcajadas encima del techo de zinc. Volvió a despertar a los vecinos. “Debe ser un ladrón que quiere robarse el café”, le dijeron. Sus vecinos habían puesto a secar café en el techo donde se quedaba el joven poeta.“Pero de nada sirve espantarlo, al cabo de un rato volverá”, le dijeron.

¿Maestro o policía? Ese fue el dilema de Palés hace un siglo. Pero en estos días el dilema es otro, pues las profesiones con mejores beneficios laborales y de mayor remuneración económica se la disputan precisamente la Secretaria de Educación y el Superintendente de la Policía, que también es Secretario de Seguridad Pública. Ya me imagino a los niños diciéndole a sus padres: “Papá: cuando grande quiero ser Secretaria de Educación, cerrar escuelas y ganarme más que el Rey de España”. “Mamá: cuando grande quiero ser Superintendente de la Policía y cobrar un cuarto de millón al año”. Como van las cosas, llegará el momento en el que nuestros niños dirán: “Papá: cuando grande quiero ser miembro de alguna Junta de Supervisión Fiscal de algún país en quiebra”.

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