Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
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Manadas, poder y el bienestar colectivo

Son muchas las manadas. La de miembros de un partido, la de profesores/as y estudiantes en una universidad, la de miembros de un grupo religioso, los miembros de una fraternidad o sororidad, entre otros. Ser parte de esas manadas (o grupos) nos da sentido de pertenencia porque encontramos un colectivo donde somos valorados y en donde vemos reflejado nuestros valores, aspiraciones e intereses. Ser parte de grupos es parte integral del desarrollo de nuestra identidad. Sin embargo, estos no son infalibles y pueden involucrarse en acciones peligrosas y dañinas si no incorporan procesos que aseguren su continua reflexión.

Algunas de estas acciones son: 1) frecuentemente en situaciones de conflicto o competencia, creen en su moralidad por encima de otros; 2) en momentos donde se ven criticados por sus acciones o valores, buscan defenderse en vez de reflexionar en sus faltas; 3) sus miembros explican o justifican sus faltas a la luz de las faltas de otros ("ellos también roban"), 4) en el peor de los casos, esconden sus transgresiones para proteger su identidad, y; 5) pueden no considerar las necesidades de otros fuera de su núcleo, obviando que tienen una responsabilidad con otros colectivos. Esto es perjudicial no solo para el grupo, sino para la sociedad en dónde están inmersos.

Estas conductas negativas no solo se ven en chats, sino en conversaciones privadas cara a cara o a través de otros medios, en donde los miembros sienten que sus ideas son apoyadas y aceptadas. Aunque pueden haber personas en el núcleo social que difieren de las actitudes y acciones del mismo, a veces no sienten que puedan decir algo por la presión a la conformidad (actuar o pensar como los demás). Esto es particularmente cierto, si pensamos que hay unanimidad de pensamiento y acción (sea cierto o no).

Aunque esto puede pasar en todos los grupos, las consecuencias de las acciones negativas de colectivos es mayor cuando estos tienen el poder de afectar las vidas de otros. Este es el caso con los eventos de días recientes con el equipo de trabajo del gobernador. El problema no son solo las actitudes misóginas, homofóbicas, clasistas, en fin, violentas, sino que tenían y tienen el poder para afectar vidas. En estas comunicaciones observamos como desde su posición de poder y privilegio asumen actitudes de desprecio a diversos sectores de nuestra sociedad. Estas expresiones se expresan con libertad y sin cuestionamiento, no solo por la presunción de privacidad, sino por el privilegio social que les ha generado un sentimiento de invencibilidad.

La manada se comportó con desprecio y sentido de impunidad en los momentos más dolorosos del país. Ahora nos toca a nosotros analizar nuestra reacción. Si usted se identifica con el Partido Nuevo Progresista, ¿actuará como parte de la manada y justificará estas conductas? ¿Dirá que de seguro los otros lo hacen igual, lo que pasa es que no hemosvisto sus chats? Si es de otro partido, ¿tomará la oportunidad para reflexionar acerca de sus prácticas y creencias?

Estamos en momentos críticos donde tenemos que examinar las dinámicas de nuestros grupos para movernos a planos más saludables para la sociedad. Esa reflexión muchas veces es difícil y dolorosa, pero necesaria. No podemos seguir sustentando las prácticas dañinas de colectivos en la isla, que por afirmar su identidad y por promover sus agendas, dañan la salud y el bienestar de todos y todas. No podemos seguir apoyando grupos que tienen su interés como centro y no el del país. Literalmente, se nos va la vida de los nuestros.

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