Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
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Manejando duelos por desastres

Nuestro planeta, exuberante en riquezas, recursos y bellezas, tiene transformaciones dramáticas. Con el aumento poblacional y los conflictos sociales, así como con la inmediatez de acceso a la información mundial, todos los días somos testigos de horribles tragedias que cobran inocentes vidas. Algunas son asuntos de la naturaleza y otras, efectos de malas decisiones y acciones humanas, como se sospecha del presente cambio climático. El mundo en que vivimos es único y magnífico pero también incierto, violento, convulso e implacablemente inseguro. Así hemos vivido, nuestra especie y otras, por millones de años.

Algunos desastres, como los huracanes, son parte natural de la geografía. Aunque la tristeza, el “shock “y la confusión son respuestas emocionales naturales, es importante prestar atención personal e individualizada a todos los que sientan que sus emociones siguen alteradas particularmente, indica el manual de clasificación de enfermedades mentales, DSM 6, si sobrepasan los seis meses del evento original. Debemos prevenir que se conviertan en duelos traumáticos, no resueltos, complicados o patológicos. La prolongación del duelo en su fase aguda puede indicar que la persona aún no ha comenzado siquiera a procesar su pérdida y puede tomarse, en general, como indicativo de otros problemas. 

Los duelos después de un desastre pueden ser manejados, y razonablemente superados, si no son ignorados. Nadie debe esperar resoluciones emocionales instantáneas ni mágicas. Se deben proveer alternativas de ayuda real a corto y largo plazo que comienzan escuchando las víctimas. El apoyo en el duelo es pieza fundamental para la recuperación emocional. Puede provenir de familiares y conocidos y, en otros casos, de profesionales psicológicos. Lo importante es que los agentes de ayuda, quienes sean, sepan escuchar y manejar emociones relacionadas con situaciones de pérdida emocional. 

Aunque el duelo ha sido objeto de investigación científica-social, ciertos tipos de duelo han sido menos estudiados, entre ellos, el duelo por muerte violenta y el duelo por desastres. Estos dos comparten características esenciales: ambos se producen inesperadamente y usualmente vienen acompañados de circunstancias de daño irreparable o devastador. Mal atendidos, fácilmente pueden desembocar en trastornos emocionales severos o prolongados como el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o cuadros clínicos crónicos de depresión y ansiedad. La literatura científica confirma que la prioridad de ayuda psicológica radica en prevenir el TEPT aplicando intervenciones terapéuticas del modelo cognitivo-conductual que permiten un plan de intervenciones a corto plazo y en poco tiempo.  

También existen factores objetivos de riesgo adicional que exacerban sentimientos de vulnerabilidad y tristeza. Entonces, el duelo puede requerir de ayuda más intensa o prolongada. Algunas variables reconocidas de alto riesgo son: ser testigos directos de la muerte repentina y trágica de otro (sobre todo si es alguien cercano o conocido), ser víctima directa del daño, sentir desamparo o impotencia (peligro real de muerte, real o percibido), enfrentar muertes masivas o escuchar de ellas y pertenecer a grupos poblaciones de riesgo por escasos recursos u otras variables demográficas como edad (menores y envejecientes). 

Investigadores del efecto de los desastres indican que, indudablemente, hay dos poblaciones de atención inmediata, consecuente y urgente: las víctimas y sus familias, en primer lugar,  y los participantes rescatistas en todos los niveles. La intervención temprana y diligente es crucial. Contar con información clara sobre los lugares donde se puede obtener ayuda psicológica, así como conocer los planes de restructuración generales de la zona o país, también es crucial para la reconstrucción. Sistematizar y oficializar las estrategias de ayuda psicológica tienen que ser uno de los principales aprendizajes después de un desastre pues de ello depende prevenir que el desorden social aumente y la desesperanza agobie a los damnificados.

Los seres humanos tenemos multiplicidad de necesidades organizadas y, satisfechas (bien o mal) dentro del sistema social en el que vivimos pero todas, o casi todas, pueden fallar, desaparecer o debilitarse cuando enfrentamos un desastre. Todas las necesidades (biológicas, sociales, psicológicas) tienen que ser igualmente atendidas en un buen plan de restructuración de una sociedad devastada. No olvidemos nunca que los desastres representan una seria crisis pero también una oportunidad para mejorar el futuro.  

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