Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Manos de piedra

El drama que nos sacude en estos días empezó como tantos otros, en aquellos años febriles –2005 al 2015– en que el barco empezaba a hacer agua. Los que se turnaron capitaneando la nave, en vez de aligerarle la carga para evitar la zozobra, intentaban desesperados sacar con cubitos el océano que seguía entrando.

Todo les salió (nos salió) mal.

En ese periodo, nos cayeron unos $15,000 millones en nuevos impuestos. La deuda aumentó en la escandalosa cifra de $30,000 millones. La hernia de las pensiones que no había cómo pagar siguió creciendo, sin que nadie la atendiera efectivamente.

Todo lo que se hizo en esos años fue esfuerzo vano: en 2015, la deuda no pudo pagarse más y el barco se hundió. Poco después llegaron Promesa y su producto más tóxico, la antidemocrática Junta de Supervisión Fiscal. Con esa acción, Estados Unidos nos trató, en palabras del banquero Richard Carrión, “como ganado”.

En 2010, la administración de Luis Fortuño aprobó un arbitrio a las corporaciones foráneas que operan en Puerto Rico, que aplica al 4% de lo que repatrian a sus matrices en Estados Unidos, cuyo gobierno acredita en 100% lo que pagan aquí.

Se supone que era un arbitrio temporero, que duraría solo mientras las finanzas de Puerto Rico se “estabilizaban”. Pero las finanzas, ya sabemos, nunca se “estabilizaron”. El gobierno de Puerto Rico, como el narcómano que no puede controlar sus impulsos, se hizo adicto a ese arbitrio, que hoy produce unos $1,800 millones anuales, lo cual es, nada más y nada menos, el 20% de sus recaudos.

Se avecina un golpe grande. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, le dijo esta semana a la gobernadora Wanda Vázquez que desarrollara un plan para sustituir esos ingresos, pues el arbitrio no es compatible con la reforma contributiva aprobada en 2017 por el gobierno federal.

Triste el predicamento el de la gobernadora. Fue a Washington a llevar la narrativa de que Puerto Rico tiene ahora un gobierno sin los problemas de credibilidad y disfuncionalidad del anterior (aunque lo componen las mismas personas). Regresó con el tremendo tostón de, en medio de la peor crisis fiscal de nuestra historia, tener que prescindir de $1,800 menos anuales de la noche a la mañana.

La vida no es fácil para Puerto Rico en Washington de un tiempo a esta parte. Es un mensaje que nos conviene entender. Las manos de seda ya no están. Ahora son manos de piedra, como aquel boxeador. Hace unas décadas, Washington, como quien dice, “no encontraba dónde ponernos”: ciudadanía, PRERA, PRAA, “Manos a la Obra”, triángulo de la democracia, 936, cuenca del Caribe, diga usted.

Últimamente, lo que encontramos allá es molestia y exasperación.

La manera en que se trató el arbitrio a las foráneas fue quizás la última manifestación del trato especial que a veces Washington dio a Puerto Rico. Cuando el arbitrio comenzó, Estados Unidos comenzó a acreditarles a sus empresas el 100% de lo que pagaban aquí. Eso ha sido interpretado como una manera indirecta de ayudar a la isla cuando intentaba levantarse del peso de la crisis fiscal.

En 2017, cuando se aprobó la reforma de Trump, se le advirtió al entonces gobernador Ricardo Rosselló que el trato especial del arbitrio del 4% terminaba y que debía dar paso a su eliminación. Rosselló se cruzó de brazos. No se sabe si le dieron a Vázquez un plazo para sustituir los $1,800 millones. Pero, a su administración y a la de Donald Trump le quedan año y medio, por lo cual puede entenderse que debería ser antes de 2021.

Puerto Rico tiene maneras de sustituir ese ingreso. Puede, por ejemplo, imponerles contribuciones a los ingresos de esas mismas empresas, que es la propuesta, desde hace años, de figuras de pensamientos tan dispares como el exgobernador Carlos Romero Barceló y los líderes del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP).

Las corporaciones foráneas tienen ganancias que han sido estimadas entre $35,000 y $44,000 millones al año. Según el exgobernador Carlos Romero Barceló, un impuesto sobre el 30% de sus ganancias dejaría a la isla unos $5,300 millones al año, más de la mitad de los recaudos de ahora.

El problema es que todas tienen decretos de exención, que son contratos de los que no se puede prescindir de un día para otro. Por ejemplo, si X empresa tiene un decreto que dice que pagará determinada cantidad hasta cierto año, Puerto Rico no puede imponerle ninguna contribución de un momento para otro.

En otras palabras, si la decisión fuera sustituir el arbitrio por un impuesto al ingreso, cosa que en Puerto Rico está, mientras Estados Unidos lo permita, en facultad de hacer, es posible que no pueda hacerse a tiempo para cuando no estén los $1,800 millones.

En resumen, la eliminación del arbitrio no tiene necesariamente que ser el fin del mundo.

El gobierno de la isla, aun dentro de la camisa de fuerza colonial, tiene, por el momento, cómo resolver. Dado el estado cada día más volátil de esta relación con Washington no se sabe cómo puede ser mañana.

Pero hoy hay cosas que se pueden hacer para salvarnos de este golpe. Prendamos velas, eso sí, para que, en aras de resolver, no la emprendan, otra vez, contra la clase trabajadora, que ya no aguanta más.

Es un enorme desafío, por supuesto. Pero, sorpresa para muchísimos puertorriqueños: la vida de los países, como los de las personas, se trata de desafíos que hay que ir superando continuamente.

Aquí lo más importante para entender es otra cosa. Por demasiado tiempo, nos hemos quedado paralizados ante los problemas esperando a ver qué va a hacer el gobierno de Estados Unidos, al que demasiada gente aquí todavía considera su protector. Por varios años ya las señales han sido bastante claras de que el trato especial para Puerto Rico se acabó.

Nos toca resolver a nosotros.

Eso no es ningún problema para los que no tenemos dudas del potencial de Puerto Rico. Tristemente, hay dudas, muy bien fundadas, de cuánta gente en Puerto Rico tiene la misma confianza en sí misma. Casi todo el mundo sabe leer. Cuántos quieren entender, eso todavía no se sabe.

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