Julio A. Muriente Pérez

Punto de vista

Por Julio A. Muriente Pérez
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Marchas del 1 de mayo: ¿Por qué la asistencia fue menor si los reclamos son mayores?

El primero de mayo de 2017, hace dos años, decenas de miles de personas acudieron a las manifestaciones en conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores celebradas en San Juan. Fue la respuesta contundente de diversos sectores de nuestro Pueblo a los desmanes provocados por la Junta de Control Fiscal. En la historia moderna de Puerto Rico nunca se había movilizado tanta gente para esa celebración. Familias enteras se dieron cita con gran entusiasmo y militancia, para expresar su repudio a los abusos del congreso estadounidense al imponernos la dictadura de la Junta, que ya mostraba sus intenciones contrarias al interés de la población.

El primero de mayo de 2018, hace un año, la asistencia fue menor, aunque la situación económica y social del País era más crítica; y ya la Junta había mostrado sus garras y su mala voluntad.

El primero de mayo de 2019, hace unos días, aun cuando la situación del País va de mal en peor, sobre todo para trabajadores, estudiantes, retirados y jóvenes, se hizo evidente que mucha gente que había participado en 2017, e incluso en 2018, no asistió a las actividades convocadas para ese día. Permanecieron en sus hogares, o en sus centros de trabajo o estudio. No se fueron para la playa o a pasear. Simplemente recordaron esta fecha histórica y renovaron su compromiso social en otro lugar.

¿Qué pasó? ¿Vientos huracanados o inundaciones catastróficas impidieron el paso de vehículos y personas? ¿Un sol incandescente provocó temperaturas que impedían salir de las casas? ¿Faltó el dinero para echarle gasolina a los carros? ¿Emigraron a la Florida quienes participaban en las marchas?

No.

Esta situación tiene varias explicaciones, que bien conviene que sean atendidas, sobre todo por quienes honestamente aspiran a que nuestro Pueblo participe decisivamente en la construcción de nuestro porvenir.

El primer problema es la división que existe en el movimiento obrero organizado, de por sí pequeño y débil. Resulta paradójico que cuando más necesario resulta unir fuerzas—para ser más fuertes, valga la redundancia—es cuando más se estimulan las divisiones y las diferencias. Cuatro marchas, cinco marchas.!

Pero, importante como es, ese no es el problema mayor. El problema más dañino, que urge erradicar de una vez por todas, es el comportamiento premeditada, calculada y planificadamente violento y provocador de un pequeño grupo de participantes, que fue el responsable inmediato del desasosiego provocado el primero de mayo de 2017 y 2018. Ese grupito, que ideológicamente podría ser ubicado en la extrema izquierda—entre quienes es justo decir que hay personas muy valiosas y honestas-- ha logrado imponer una suerte de chantaje a los actos del primero de mayo, para satisfacción de la Junta de Control Fiscal, el gobierno colonial-anexionista y las fuerzas policiacas. Su actitud beligerante le ha servido en bandeja de plata la justificación a la Fuerza de Choque para que ensaye sus tácticas represivas en las calles y avenidas de San Juan. Este año no llegó la sangre al río. Pero ganas no le faltaron a algunos.

Es cierto que la policía ha cometido abusos; pero también es cierto que ese grupito es responsable de actos de provocación y violencia que han puesto en riesgo la seguridad y la vida de miles de personas que no fueron a las marchas con la intención ni el interés de enfrentarse a las macanas y los gases lacrimógenos, sino a expresar su opinión sobre la situación del País. Por eso han dejado de asistir.

El comportamiento indeseable de este minúsculo grupo de personas—que luego de llevar a cabo sus planes presenta un increíble rostro de víctima de las circunstancias-- ha contribuido ante los ojos de nuestra población a la criminalización y demonización de los actos del primero de mayo, lo que a su vez perjudica de manera significativa la labor de educación, de creación de conciencia y de participación activa de la ciudadanía en una lucha eminentemente justa y necesaria, como es la que tenemos que librar ante a la situación en que se encuentra Puerto Rico hoy. Tiene una consecuencia enajenante, desmovilizadora, frustrante y de debilitamiento de la lucha política y social.

Mejor no lo pudieran haber hecho la Junta, los empresarios y banqueros y los administradores de la colonia. Ese sector indiscriminadamente violento y agresivo, le está haciendo el trabajo sucio al enemigo, que se regocija al ver que, antes y después del primero de mayo, el debate se reduce a si habrá o no enfrentamientos con la policía, o a las amenazas por un pedazo de calle, o a edificios cubiertos con paneles, como si estuviéramos en víspera de un huracán grado cinco. El debate serio de ideas, los reclamos de clase, las denuncias necesarias, todo ello sucumbe ante la imagen escandalosa de un puñado de irresponsables que de ninguna manera representa el sentir de la mayoría de nosotros y nosotras.

Hace tiempo aprendimos que toda táctica de lucha es admisible. Pero que el uso de una u otra táctica dependerá de cuanto adelante la causa por la que se lucha. El uso equivocado de una táctica, trasa; el uso correcto, adelanta. Tan sencillo como eso.

En este momento histórico la táctica obligada es el desarrollo masivo de la conciencia social, la movilización y activación desde la más amplia diversidad ideológica y social, siguiendo el ejemplo de la lucha que libramos en Vieques. Sumar, sumar y sumar es la consigna obligada.

Este grupito de violentos y arrogantes solo contribuye a restar.

Ahora bien, los demás podemos seguir mirando para el otro lado, y en 2020 puede que quienes único marchen sean ellos. Tendrán toda la Milla de Oro para que vuelquen su odio. En la soledad. Y el Pueblo, el Pueblo verdadero, quien sabe.

O agarramos el toro por los cuernos ahora, o terminaremos nosotros también siendo cómplices de este indeseable cuadro.

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