Wilma Noemí Vázquez Santana

Tribuna Invitada

Por Wilma Noemí Vázquez Santana
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María, la gran maestra

¡Ave María purísima, qué gran lección aprendimos! El pasado 20 de septiembre, nuestra amada tierra recibió un fenómeno atmosférico catalogado como uno de los más desastrosos en la historia de Puerto Rico. Las experiencias vividas equiparon a la población con las herramientas necesarias para repensar y reorganizar una vida en armonía socio- ambiental.

Se le nombró María al huracán que recorrió cada rincón de nuestra isla dejando huellas que demuestran el poder de la naturaleza y la fragilidad de nuestro entorno social y económico.  Definitivamente que este nombre y el evento con el que se identifica, permanecerá en la memoria de los puertorriqueños a través del tiempo. Y es que lo vivido antes, durante y después de María es y será una experiencia de aprendizaje perpetuo.    

Para muchos, María es un nombre relacionado con la paz, la pureza y con el amor incondicional. Paradójicamente, a partir de la experiencia pasada, en Puerto Rico también es asociado con desasosiego, destrucción y desesperanza.

Lo que resulta evidente es que para muchos puertorriqueños el nombre de María continuará como sinónimo de cambios significativos. Con todo lo que hemos vivido, el huracán María nos colocó en el momento histórico en el que debemos volver a comenzar, para siempre recordar. Ahora depende de que hayamos aprendido la lección y emprendamos nuevamente el camino; claro está, conscientes de los actos que nos alejan del ser, del deber y de la responsabilidad que tenemos tanto a nivel ambiental como individual y colectivo.

Con nuestros actos eduquemos aquellos que aún se resisten a actuar en armonía con el ambiente natural y social. A pesar de lo difícil que resulte el esfuerzo, lo importante es intentarlo cada día con la firme convicción de que lograremos impactar vidas y esas vidas construirán el futuro que merece nuestra isla y con ella, la próxima generación.  

Las experiencias vividas tras el fenómeno atmosférico nos han dotado con lo necesario para enfrentar las diversas situaciones que acontecen diariamente. Aprendimos que todo lo material puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Hemos aprendido que la sensibilidad nos humaniza, que nos acerca más a la verdadera realidad de lo que somos y de quiénes somos. Aprendimos que nuestra identidad e idiosincrasia nos impulsan a querer ser mejores cada día y es lo que necesitamos para construir el país en el que merecemos vivir. Con las muestras de voluntades en su afán por restablecer nuestro entorno, queda claro que Puerto Rico nos pertenece, es nuestra casa y cada uno de los que vivimos en este terruño borincano es hermano, es amigo, es compueblano.

Nunca podemos perder la fe en nuestra capacidad: somos buenos y logramos salir airosos de la experiencia vivida tras el huracán María. En las redes circuló una frase que expresaba: “tenemos un corazón categoría 5”. Este pensamiento implica que los boricuas poseemos corazones poderosos y quedó demostrado con los actos de solidaridad de todo un pueblo.  Las acciones de los vecinos del residencial Enrique Landrón en el pueblo de Corozal son muestra de ello. Varios residentes, en la unión al Cuerpo de Bomberos, arriesgaron sus vidas para rescatar a 19 policías que quedaron atrapados en el techo del Cuartel tras las inundaciones provocadas por el huracán. Esto es solo una nuestra de los actos de solidaridad, sensibilidad y hermandad que se observaron en cada rincón de la isla luego de la potente tempestad.   Lo que enfrentamos el pasado 20 de septiembre, y lo que aún continuamos enfrentando y sobrellevando, es la lección bien aprendida para continuar demostrando al mundo quiénes somos los puertorriqueños. Tenemos la capacidad de salir adelante, tenemos la voluntad para hacerlo y Puerto Rico continuará siendo el espejo donde pueden mirarse otros.

Demostraremos con nuestros actos que este momento lamentable solo pasará a la historia como“el día en que los puertorriqueños aprendieron lo valioso de la vida; lo valioso de ser boricua y de vivir en una hermosa isla del Caribe”. Definitivamente que no será fácil: ¿quién dijo que lo sería? Recordemos las enseñanzas de nuestros abuelos y padres: “nada fácil es duradero y, sobre todo, valorado”. Echar andar la patria nos costará sacrificio, nos dolerá el alma cuando el esfuerzo termine en frustración, cuando nuestra voluntad se enfrente a las fuerzas de la mezquindad y contra el individualismo; lo importante es permanecer y no renunciar. Puerto Rico seguirá siendo la Isla Preciosa, el Edén, la Perla del Caribe siempre y cuando nuestros actos sean congruentes a las situaciones que enfrentemos.

La Madre Tierra ya hizo su parte y limpió su espacio, ahora nos toca a cada uno de nosotros renovar nuestro entorno humano para renacer y florecer con más fuerza; para volver a comenzar un nuevo ciclo de vida. Tenemos la mejor maestra: la naturaleza. Ella con su ejemplo nos muestra cómo vivir en armonía en el planeta. No será fácil, nos costará, claro que nos costará, pero lo haremos con pasión y determinación porque aprendimos la lección.

Adelante, puertorriqueño. El huracán María movió nuestro entorno, nos hizo recapacitar, situarnos en tiempo y espacio, para que no olvidemos que no somos dueños del planeta y ante él, somos vulnerables.   ¡Ave María purísima, que gran lección! Gracias María: la gran maestra.

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