Joseph Harrison Flores

Tribuna Invitada

Por Joseph Harrison Flores
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María y San Narciso en Puerto Rico

El daño causado por el huracán María en Puerto Rico ha sido catalogado por muchos como el más dañino de nuestra historia.  Sin embargo, hace 150 años el huracán San Narciso azotó a la Isla dejando un estado de destrucción y devastación.  La isla, al igual que hoy, se encontraba en una crisis económica y política que el huracán agravó y que desembocaría en el grito de Lares.

En la tarde del 29 de octubre de 1867 el Huracán entró por Naguabo y se movió en dirección noroeste afectando la totalidad de los Municipios.  El Periódico la Gaceta de Puerto Rico informaba que el temporal era uno de los “más desastrosos que registran los anales de este país”.  En toda la Isla reportaban daños en edificios, inundaciones, destrucción de cosechas y muerte.   La cosecha de café estaba en su pico y los hacendados perdieron sus cosechas y haciendas terminando finalmente en la quiebra. 

El gobernador indicaba que “el corazón se entristece al contemplar un cuadro tan lastimoso, demostrándose así cuan frágiles y perecederos son los bienes terrenales”.  El germen del orden y la paciencia debe estar en el “ADN” de los puertorriqueños y el gobernador indicaba que se había “guardado el mayor orden y demostrado sus sentimientos religiosos y abnegación con sus semejantes”.   

Los recursos del gobierno no eran suficientes para mitigar los daños.  Le apenaba al Gobernador ver tanta desgracia y se sentía impotente por no poder remediarlas inmediatamente.   Para lograr la “reparación de tantos males” se creó una junta liderada por alcaldes.  Sin embargo, en los pueblos de Ceiba y Naranjito no se pudo constituir debido a la renuncia de sus alcaldes.  Se eximió del pago de contribuciones a los bienes importados sin importar su procedencia al igual que al equipo destinado a la agricultura, industria, manufactura y agricultura y para para aliviar la tensión en los ciudadanos autorizó la celebración de las fiestas patronales.

Los más pobres sufrieron penurias y a los pocos días no tenían lo más básico para vivir.   La situación llegó al extremo que un afectado de Manatí indicaba que le faltaba “poco para estar reducido al nivel de los animales que” cuidaba y que por falta de comida tuvo que “comer la yerba”.

En el extranjero se hicieron colectas y a la Isla llegaron fondos de todas las ramas del ejército español y de ciudadanos en la península.  La Reina asignó recursos, provenientes de Cuba, para atender la situación y ayudar en la recuperación.  El Gobernador afirmaba el “tierno interés” de la Reina por sus “fieles súbditos” puertorriqueños.

El huracán fue seguido, el 18 de noviembre, por un terremoto y un maremoto que azotó fuertemente a Saint Thomas y Puerto Rico dañando muchos edificios especialmente en la zona sureste de la Isla.  El terremoto y sus réplicas crearon un estado de terror en la población.

Desde principios de 1860 el país se encontraba en una crisis política y económica.   No había pasado un año del huracán cuando el gobierno se olvidó de la crisis y obligó a pagar las contribuciones por adelantado.  El huracán se combinó con el estado perenne de atropello y de carencia de derechos abonando la semilla de la descolonización.   El efecto de sinergia de la naturaleza, la situación económica y el estado colonial generó un estado de insatisfacción general que desembocó en 1868 en la rebelión del Grito de Lares. 

La historia se mueve en ciclos que a veces se repiten.  Esperemos que esta vez la crisis nos lleve a una nueva revolución que nos permita reconstruir a un mejor Puerto Rico.

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jueves, 5 de octubre de 2017

María y San Narciso en Puerto Rico

Aunque la gran devastación causada por el ciclón María es incuestionable, el historiador Joseph Harris expone datos sobre San Narciso, otro huracán que golpeó la isla en otro periodo de gran crisis

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