Benigno Trigo

Punto de vista

Por Benigno Trigo
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Más allá del pecador de Residente

Hace unos días me reuní con mis estudiantes para nuestra clase semanal sobre “Lo sagrado en la literatura de Puerto Rico” y uno de ellos me dijo que el nuevo video de Residente (René Pérez Joglar) estaba por salir. 

Cuando vi el video al otro día, me dejó impresionado y pensando. ¿Qué significa “Pecador”? ¿Qué posibles conexiones podrían haber entre el video, la canción y la tradición cultural que estudiamos en nuestro curso, y más puntualmente la tradición del nacionalismo católico puertorriqueño? 

Dos elementos de “Pecador” me parecen parte de esa tradición. El primero es la representación de la cultura popular norteamericana como una doctrina tóxica. El segundo es la metáfora del mártir. Desde esta perspectiva, la canción podría ser un contra-ataque desde adentro y suicida contra la cultura popular norteamericana con las armas del “señor”, es decir un ataque desde el culto o la iglesia del rap norteamericano.

“Pecador” hace referencias veladas o claras a la violencia de la cultura popular norteamericana. Me refiero a las referencias a películas como El exorcista de 1973, o al asalto de un fanático racista en la iglesia de Charleston del 2015, o a los escándalos de los sacerdotes católicos depredadores, o al culto a las estrellas como Michael Jackson. 

Frente a esa violencia cultural, el profeta de “Pecador” asume el papel de rapero mayor, de estrella del universo del jip jop en español, y se tira a la conflagración de sus llamas, se sacrifica, se espiritualiza y toma posesión, como hace el demonio en El exorcista, de una niña inocente, que ahora parece representar las nuevas generaciones goth.

Hay grandes diferencias entre los rituales, discursos y proclamas del nacionalismo católico de los años treinta y la producción política y artística de hoy (pienso en los discursos de Albizu Campos y en la poesía de Lolita Lebrón, por ejemplo). Pero hoy vivimos otro momento de gran precariedad y dificultad económica. Y Residente regresa a su archivo. 

En “Pecador”, se repite la crítica que hizo el nacionalismo católico a la indoctrinación de una cultura secular y a una religión invasora. También se repite su resistencia a la americanización por medio del martirio en pro del futuro de la juventud puertorriqueña. Es simplemente una cuestión de inversiones. El pecador es el reverso o la versión oscura del pescador (¿pejcador?) de hombres. La Linda Blair boricua es la versión demoníaca del héroe adolescente radicalizado por el sacrificio de sus antepasados.

La repetición no me sorprende. A mi modo de ver, “Pecador” es otra señal de que la civilización puertorriqueña sobrevive a pesar de estar siempre poseída por sus antiguos espíritus. Lo que me descorazona es que la expresión urgente, apasionada y desmedida de esos espíritus hoy (espíritus que están “bigisized”) permita poco espacio para la reflexión. Residente dice que quiere que lo recuerden “tirando ‘punchlines’ en exceso”. Pero tal vez sería mejor bajar la velocidad, pensar mejor los golpes, y ganar la pelea por “knockout”.


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