José Curet

Tribuna Invitada

Por José Curet
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Más conocemos, menos sabemos

Allá en la antigua Grecia, siglos atrás, un famoso axioma resumía el pensamiento socrático: “solo sé que no sé nada”. Y aquí y ahora, como si por alguno de esos avatares los refranes volvieran a resucitar, esa parece ser la consigna soterrada, meses después del paso de María.

Oír por la radio en las mañanas la transmisión del mensaje diario del gobernador desde el Centro de Operaciones, tal cual si fuera un saludo al sol; hasta proseguir escuchando los mensajes oficiales de los funcionarios, al rayar el mediodía, más que informes parecerían ser rezos entonados desde alguna mezquita.

Hoy como si el tiempo se hubiese detenido, aquel cono de incertidumbre antes del paso de María, aún parece estar presente en casi todos los informes y estadísticas brindadas. Desde la cifras de los fallecidos a consecuencia del huracán, o el monto de las pérdidas, entre los puentes y vías desechas, hasta el restablecimiento de energía eléctrica, todo sigue aún sin más luz que la irradia esa misma zona de incertidumbre.

Cómo y quienes intervinieron en otorgar ese contrato leonino a Whitefish sigue siendo otro de esos misterios. Interrogado por la prensa sobre la razón para no haber contactado antes a la Asociación Americana de Electricidad Pública (APPA), la cual hubiera restablecido el servicio mucho más eficientemente, el entonces director de la Autoridad de Energía Eléctrica, Ricardo Ramos, aludió a no haber tenido internet. Pero sin embargo tuvo señal para contactar a través de lynkedin a una compañía con poca experiencia, pero con mucha maña para obtener ganancias.

Y así ahora mientras la incertidumbre nos acompaña en la espera por la luz, y las emanaciones y el estruendo de las plantas generadores nos desvelan en las noches, el libro, como un viejo amigo, nos convida a brindarnos su compañía. Así fue como justo antes del azote de María, la Historia de los Temporales, de Luis Salivia, el cual acababa de leer entonces, me preparó para saber que si bien la historia no se repite, el huracán San Felipe, casi un siglo atrás, mostró como la naturaleza nos marca con asombrosa semejanza.

Y sobre la mesa de noche tenía también la clásica novela El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias. Narra ahí con toda la crudeza esas maquinaciones, dobleces y traiciones en que entran quienes aspiran a toda costa a mantenerse en el poder. Aunque el referente aluda a dictaduras centroamericanas del siglo pasado, todavía esas huellas del poder pueden también leerse en nuestros días. Concluida la lectura pisaba suelo aquí el presidente Trump. Casi como salido de un cuento llegó a repartir papel toalla, para que nos enjuagáramos del sudor y del agua, y nos recordó que estábamos gastando mucho, así como lo de la deuda, “you have to pay for it”.

Pero como el curso de los hechos del presente sorprende tanto como la historia pasada, en estos días se ha revelado que unos deudores están en la misma banca del presidente. Dos de sus ayudantes cercanos ya han sido arrestados por haber interferido en las elecciones a través de contactos secretos. Conociendo a este señor presidente sabemos que echará la culpa a los otros, o bien sacará del baúl algún viejo cadáver para desviar la atención. Ahora mismo, dentro de su propio partido y en el senado ya han puesto una fortuna con el fin de residenciar y sacar de la presidencia a Trump.

Y allá también como aquí a veces la información se diluye entre otras noticias. Pero quizá podamos esperar que así como aquí tardará en llegar la luz, allá también la luz de esas acciones fuera de la ley también tardará en aclararse y salir de esa zona de incertidumbre. Entonces quizá se habrá podido desmentir aquello que dice, mientras más conocemos, menos sabemos.

(A la memoria de Miguel Curet Goitia).

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