Fernando A. Cuevas Quintana

Tribuna Invitada

Por Fernando A. Cuevas Quintana
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Matamos a quien da vida

Para 2030 se verá de forma marcada el efecto de las inequidades a las que, a través de los años, los humanos han sometido a la madre naturaleza, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Aumentos en pobreza extrema, incendios, inundaciones, escasez de alimento, nivel del mar y fenómenos ambientales de magnitudes nunca antes vistas están entre los pronósticos. La Organización Mundial de la Salud informa que el cambio climático será un determinante social y medioambiental, que afectará la salud, los abastos de agua potable, el acceso a vivienda, y el aire limpio.

Durante los últimos años, los humanos hemos construido una felicidad falsa, basada en la valoración monetaria de objetos producidos mediantes fuentes naturales. Cambiamos, de ser una sociedad respetuosa de la naturaleza, a personas que solo buscamos el bienestar individual. El ser humano es naturaleza y dependemos de ella, sin embargo la tratamos como una entidad separada para controlarla y explotarla. Queremos obtener la mayor cantidad de recursos, ocasionando desigualdad y opresión entre nosotros mismos. En lugar de valorar la naturaleza por sus capacidades curativas y apaciguadoras, la consideramos mercancía a la cual intentamos sacarle el mayor precio en el mercado. Lo disfrazamos con el llamado “desarrollo” que acarrea destrucción ambiental y colectiva.

Por ejemplo, el Océano Pacífico se acumula una gran cantidad de basura producto de los seres humanos. Los desperdicios sobrepasan tres veces el tamaño de Francia, y acumulan cerca de 80,000 toneladas de plástico.

Por otro lado, un informe de la Organización de las Naciones Unidas declaró que hay un millón de especies de animales y plantas en peligro de extinción.

Mientras tanto, la IPCC hizo un llamado a todos los países para que reduzcan los inventarios nacionales de gases invernaderos y establezcan políticas ambientales. Esto significaría enfocar el sistema actual en salvaguardar a la madre que nos da la vida, la naturaleza. Se nos acaba el tiempo y es nuestra la responsabilidad de conservar los recursos. Como parte de la naturaleza, debemos movernos a exigir y ejecutar un cambio dirigido a conservar la vida.

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