Chu García

Chuchazo

Por Chu García
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Medalla de hojalata para el Mundial de Doha

Su estadio es exuberante, con túneles de aire acondicionado que opacan el calor desértico; su ciudad, Doha, es una isla artificial con edificios que son joyas arqutitéctonicas, y no tiene más de dos millones de habitantes dentro del golfo Pérsico.

Pero su Mundial de Atletismo ha sido un fracaso, no por las actuaciones de los atletas, sino por las asistencias raquíticas.

Diarios británicos de prestigio como The Guardian y The Daily Telegraph, lo han tildado de catastrófico, con zonas vacías inmensas en el recinto llamado Khalifa, con capacidad para 40,000 espectadores, que fue bajado a su mitad por concurrencias ínfimas, y hasta el propio presidente de la IAFF, el legendario semifondista inglés Sebastian Coe, ha puesto el dedo en la llaga y lo ha apretado para que duela más ante los ojos de los detractores.

Con 1,900 atletas inscritos de 210 países, y 44 defendiendo el título ganado en Londres en 2017, que tuvo 750,000 concurrentes y un éxito total, la capital de Catar, que posee la tercera mayor reserva mundial de gas natural, no se ha disfrutado un certamen tan célebre que se efectúa cada dos años, más que todo por la falta de pasión por una actividad atlética de tanta calidad en ambas ramas.

Aprovechando su riqueza petrolera, con jeques que duermen en camas forradas de dólares, Catar se ganó también el montaje de la Copa del Mundo de fútbol de 2022, y compitió para la Olimpiada de 2020, pero con el desastre actual se cree que no ose competir para las de 2032 y 2036.

Es más, ni siquiera la TV local ha retransmitido los eventos, lo que es muestra gratuita de su desinterés y escasez de amor por vacío de tradición.

Ha habido ocasiones que el 1-2-3 de una prueba ha recorrido metros del óvalo portando la bandera de su nación en sus espaldas y desde las tribunas se escuchan más bostezos que aplausos.

Mientras tanto, la cadena estadounidense NBC ha centrado su atención en sus representantes, lo que es lógico, ya que de alguna manera necesita mantener un rating alto.

A fin de cuentas, queda demostrado que hace falta más que dinero para saborear la gloria de una competición universal.

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