Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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Medicare en la mirilla republicana

Los recortes tributarios aprobados por la administración Trump el 22 de diciembre de 2017 generarán un déficit estimado de $1.5 millones de millones en el presupuesto federal, entre 2018 y 2027. Dichos recortes tendrán un profundo impacto en los programas Medicare y Medicaid, los cuales representan 25% del presente gasto federal. Y no importará que el Presidente haya prometido en su campaña 2016, que “no tocaría Seguro Social, Medicare, ni Medicaid”.

Probablemente, Medicare y Medicaid tendrán que contribuir significativamente a subsanar el masivo déficit arriba indicado. Ambos programas sufrirán cambios estructurales y recortes millonarios que podrían tronchar las aspiraciones de millones de beneficiarios a una vida y vejez saludable y productiva.

Recordemos que Medicare y Medicaid cambiaron dramáticamente la vida de las personas envejecidas y de los más pobres a partir de 1965, cuando la mayoría de los trabajadores estadounidenses ya disfrutaban de un seguro de salud patronal, mientras esos segmentos poblacionales todavía permanecían desprotegidos. Esos programas han sido, desde entonces, dos joyas preciadas para los más necesitados. Medicare ha funcionado exitosamente como un seguro universal para las personas mayores de 65 años que han aportado millones de dólares de sus salarios para merecerlo. Medicare ha jugado un papel definitorio en prolongar su calidad y expectativa de vida, mejorar su salud, extender su productividad, y minimizar su grado de dependencia.

Bajo la presente administración republicana, Medicare podría imponer más reducciones en tarifas a proveedores, subir la edad de elegibilidad a los beneficiarios de 65 a 67 años, aumentar primas, deducibles y coaseguros, y principalmente, cambiar el programa a uno que ofrezca ayuda económica fija mensual al beneficiario para el pago de la prima (“premium support”). Los insuficientes vales a utilizarse podrían significar el fin de los días en que Medicare pagaba por todo lo que el beneficiario necesitaba dentro de los beneficios cubiertos.

Los cambios considerados podrían echar por la borda el progreso alcanzado por Medicare durante Obamacare: haber extendido la solvencia económica de la parte A de Medicare por nueve años adicionales (de 2020 a 2029). Ese logro ha sido posible mediante notables mejoras en costo-efectividad que han reducido el crecimiento del gasto promedio por beneficiario, de un 7.4% anual durante la década pre-Obamacare a un 1.3% anual desde el comienzo de Obamacare. Las medidas positivas bajo Obamacare probablemente serán ignoradas. Prevalecerá la estrategia republicana de recortar gastos para reponer el déficit causado por los recortes tributarios, sin tomar en consideración el objetivo salubrista del programa: acceso, calidad, satisfacción, prevención, promoción y mejoramiento en salud.

La utilización de Medicare como balón político, en esta ocasión como fuente para devolver al fisco federal millones de dólares cedidos a personas ricas en recortes tributarios, causará un retroceso significativo para sobre 50 millones de personas mayores e impedidas registradas en el programa. Si perdiesen importantes beneficios, o se restringe el acceso a los servicios de salud esenciales que han disfrutado por años, los desprovistos usuarios vivirían una tercera edad más frágil y angustiosa.

Reconocemos los crecientes costos del programa Medicare y la necesidad de hacer el programa más eficiente, efectivo y económicamente sostenible de cara al futuro. Sin embargo, sería incomprensible que razones políticas vayan a inutilizar la asistencia sanitaria óptima requerida por los envejecidos más vulnerables. Negarle o limitarle cuidados de salud a una población que sobrepasará los 72 millones en 2030, tendrá un costo médico-social inimaginable, especialmente cuando la indefensión resultante inexplicablemente ocurrirá a cambio de poner más dinero en los bolsillos de quienes menos lo necesitan.

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