Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Medicinas que “prenden y apagan” genes contra el cáncer

El funcionamiento del cuerpo humano está determinado por 24,000 genes que, a su vez, están compuestos de trozos de ADN (DNA, en inglés). Estos genes son los que determinan todos los rasgos de nuestro cuerpo incluyendo, entre otros, inteligencia, personalidad, estatura, color del cabello y ojos. No todos funcionan simultáneamente. Un dato curioso es que los genes humanos son 98% similares a los de un chimpancé y 75% parecidos a los de un ratón, lo cual indica que unos pocos genes pueden hacer una gran diferencia. ¿Será esta la explicación para la conducta ratera de ciertos especímenes de nuestra fauna política nacional e internacional?

Más allá de estas nociones, también sabemos que el daño causado al ADN de una célula puede desatar un cáncer. Por ejemplo, cuando alguna sustancia tóxica o cancerígena produce una avería irreparable en el ADN de una célula, eso puede encaminarla a convertirse en una célula cancerosa. Muchas veces el cáncer ocurre porque algún gen importante, al averiarse, pierde su función y se inactiva debido al daño a la estructura de su ADN. Sin embargo, hay otra manera en que los genes pueden perder su función normal, sin sufrir daño estructural a su ADN.

A mediados del siglo 20, el biólogo escocés Conrad Waddington, acuñó el término “epigenética” para describir el fenómeno de activación e inactivación (un “prende y apaga”) de los genes. Se podrán imaginar los grandes logros que alcanzaríamos si pudiéramos silenciar los genes malos y activar los buenos. 

Eventualmente estos hallazgos abrieron un nuevo campo de investigación que nos ha revelado muchísima información para entender mejor cómo se desarrolla un tumor maligno, sin sostener daño alguno en su ADN. Se ha encontrado que estos cambios epigenéticos son mucho más comunes como causa del cáncer que los daños estructurales al ADN causados por mutaciones.

Además de ayudarnos a entender el proceso por el cual se desarrolla un cáncer, la epigenética nos ha permitido incrementar el desarrollo de nuevos fármacos que son capaces de prender o apagar los genes involucrados en la formación de algunos tipos de cáncer. Al llevar a cabo su función, estos medicamentos pueden destruir las células malignas.

Los genes se activan o inactivan a través de un proceso químico conocido como “metilación”, que ocurre en su superficie, sin alterar la estructura interna. Una disminución en la “metilación” puede activar algunos genes perversos capaces de causar cáncer, mientras que por el contrario, el aumento de metilación resulta en el “apagamiento” de algunos genes buenos cuya función es evitar la formación de tumores.  Lo ideal entonces es “metilar” los genes malos para inactivarlos, y disminuir la metilación de los buenos, para activarlos de manera que puedan suprimir la formación de tumores.

Cuando ocurre un daño pequeño en un gen, la avería puede ser reparada por la célula, pero cuando el daño es grande, los mecanismos responsables de repararlo pueden abrumarse y no funcionar apropiadamente. Una vez esto ocurre, el proceso es irreversible y puede desencadenar un cáncer. Por el contrario, las anormalidades producidas por cambios epigenéticos (en la superficie del gen), son totalmente reversibles, ya sea por medio de alteraciones en nuestro estilo de vida como es la dieta, o por medicamentos que se han desarrollado recientemente.  Estos cambios de estilo, al igual que algunos medicamentos, pueden restituir estas averías por medio de la “metilación” o “desmetilación” de los genes.

La estudiante británica candidata a doctorado en bioquímica, Rachel Fellows acaba de publicar un estudio en el que demostró una curiosa relación entre la dieta y ciertos cambios epigenéticos. Su análisis reveló que una dieta alta en frutas y vegetales puede facilitar que las bacterias de nuestra flora intestinal produzcan sustancias químicas conocidas como ácidos grasos, los cuales apagan y prenden algunos genes ayudando así a prevenir el cáncer de colon. De nuevo nuestras bacterias intestinales son las protagonistas de este relato. Estos ácidos grasos, muy beneficiosos, se liberan en el interior de las células del intestino y actúan tomando el control de ciertos genes. ¿Y cómo toman control de estos genes? Pues suprimiendo una proteína llamada HDAC2 que puede causar cáncer de colon.

El campo de la terapia epigenética está todavía en pañales. Entre las nuevas medicinas contamos ya con seis aprobadas por el FDA, que se usan mayormente para enfermedades malignas de la sangre, incluyendo linfomas. Estas medicinas se pueden dividir en dos tipos: inhibidores de metilación e inhibidores de una proteína conocida como HDAC.  En última instancia, el efecto de estas dos categorías de medicamentos es el mismo: la supresión de los genes malos y la activación de los buenos como lo son los llamados supresores de tumores. No obstante, el problema con estos fármacos sigue siendo la precisión. Son muchos los genes implicados en el proceso del desarrollo de un cáncer, y no hemos logrado todavía activar exclusivamente los genes buenos y silenciar los malos. En otras palabras, no hemos logrado ser suficientemente selectivos, evitando afectar otros genes. No obstante, el campo sigue progresando y evolucionando.

El oncólogo Stephen Baylin de la Universidad de Johns Hopkins está experimentado con la terapia epigenética contra el cáncer de pulmón. Usando ciertas preparaciones medicinales, pudo activar algunos genes importantes para el sistema inmune, robusteciendo el efecto de la inmunoterapia, así demostrando en el laboratorio la oportunidad combatir mejor ese temible cáncer en el futuro.

En otro estudio, el científico estadounidense J.H. Kalin y sus colaboradores pudieron combinar dos medicamentos epigenéticos en unsolo compuesto, logrando un ataque dual contra el tumor.  Este compuesto lleva el nombre Corin y demostró una actividad impresionante en inhibir la proliferación de células de dos tipos de cáncer de la piel, con muy pocos efectos nocivos. Este estudio destaca el desarrollo de una nueva clase de fármacos sumamente prometedores. El nuevo concepto se caracteriza por su capacidad de atacar dos dianas terapéuticas simultáneamente y ofrece oportunidades únicas para el desarrollo de otros compuestos similares en un futuro.

Con el permiso del compositor Kike Santander, me atrevo sugerir unos cambios ligeros a su pegajoso hit musical interpretado por Gloria Estefan, Vamos abriendo puertas:

“Como a través de la selva

Se van abriendo caminos

Así también en la ciencia

Se va labrando el destino

Y vamos abriendo puertas

Y vamos cerrando llagas

Porque en el año que llega

Vamos a lograr hazañas”.

En fin, con la droga Corin parece ser que estamos cabalgando. Esperemos que su futuro sea tan prolífico como el de la novelista asturiana Corín Tellado, pero más sustancioso y menos romanticón.

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