Daniel Colón Ramos

Punto de Vista

Por Daniel Colón Ramos
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Médicos y científicos puertorriqueños: unir esfuerzos ante la pandemia

(El médico radiólogo Leo Valentín es coautor de esta columna).

El interés de estos servidores es compartir, en la pandemia del siglo, lo que conocemos para beneficio de nuestra gente. 

Los autores de esta columna estuvimos involucrados en debates públicos sobre las mejores estrategias salubristas que Puerto Rico debe tomar para controlar el Coronavirus (COVID-19). En las ciencias y en la medicina, los debates son parte importante de la conversación que nos lleva a comparar argumentos, a aprender unos de los otros y a encontrar puntos de consenso que no se hubiesen encontrado sin la oportunidad de exponer los conocimientos y opiniones. 

Pero queremos, en estos momentos, y con el mismo interés desprendido por Puerto Rico que nos llevó a exponer nuestras opiniones de primera instancia, unir nuestras voces en consenso de importantes puntos salubristas y científicos para beneficio de nuestro pueblo. 

Comenzamos, como médicos y científicos, reconociendo que estamos en el umbral del reto salubrista más grande de nuestra historia reciente. Este reto requerirá que los médicos y científicos alcen sus voces y expresen sus conocimientos para beneficio de Puerto Rico. Algunas veces estaremos de acuerdo, y otras no, pero no por eso debemos hablar con miedo en un momento tan importante, ni susurrar con timidez lo que conocemos. Aspiramos a que, en la crisis salubrista más grande de nuestra generación, el diálogo empírico redunde en que nuestras voces médicas y científicas se unan en mensajes de consensos que contribuyan a salvaguardar las vidas de los puertorriqueños. 

Con esa meta, reconocemos que el gran reto de la venidera epidemia del COVID-19 es que es un virus nuevo, no solo para Puerto Rico, sino para la humanidad.  Eso crea retos únicos para la medicina y la ciencia. Para comenzar, nadie tiene inmunidad, y por eso la infección avanza con tanta rapidez. Al no tener inmunidad, cualquier exposición al virus puede resultar en una infección. Tampoco existe vacuna, y nuestros médicos y enfermeras también son susceptibles. Si nos enfermamos todos a la vez, corremos el riesgo de que colapse el sistema de salud. 

Aunque todos somos susceptibles, el cuadro clínico varía, desde asintomático hasta fallo respiratorio severo y potencialmente la muerte. Las proyecciones epidemiológicas muestran que la mejor receta para la prevención y la epidemia es el distanciamiento social. El distanciamiento social salva vidas. Aunque no parezca intuitivo, esa es la razón también por la cual la mayoría de las personas con síntomas leves no deben acudir a una sala de emergencia, pues existe riesgo de contagio para otros pacientes y doctores en esta situación. Determinar severidad no es fácil para un paciente, por eso la función estratégica de los médicos primarios, telemedicina, clínicas de fiebre (“fever clinics”) y estaciones de triaje fuera de hospitales, la cual recomendamos como parte fundamental, junto con el distanciamiento social, en la estrategia salubrista. 

Proteger a nuestros profesionales de la salud es responsabilidad de todos y su acceso a equipo protector es central en esta ecuación. No solo los necesitamos saludables para que nos puedan cuidar, sino que uno contagiado con el virus pudiera transmitirlo a varios pacientes. Los métodos de diagnóstico (pruebas de laboratorios, evaluación médica, pruebas de imagen) también son esenciales para entender y manejar la enfermedad. 

Realizar pruebas no es sustituto de una estrategia de distanciamiento social y tampoco es tratamiento.  Tanto las pruebas como el distanciamiento social son necesarios. Los métodos diagnósticos son la zapata de la estrategia epidemiológica y proyecciones salubristas. También reconocemos que al igual que hacen falta estrategias médicas complementarias en tratar pacientes con diferentes síntomas, hacen falta pruebas complementarias que arrojen luz sobre la epidemia. Pruebas como el rt-PCR, las pruebas inmunológicas rápidas y el CT scan torácico han sido discutidas y tienen sus roles en diferentes contextos de diagnóstico. Surgirán más pruebas, y hace falta que los médicos y científicos unamos esfuerzos y comparemos notas entendiendo que, a medida que cambie nuestros conocimientos sobre el virus, con igual agilidad debe cambiar nuestras opiniones informadas. 

Es en este contexto que sugerimos que Puerto Rico debe establecer una galería de pruebas basadas en los mejores datos científicos y médicos disponibles, donde las fortalezas y debilidades se estudien, se comparen y se complementen. Nosotros, los médicos y científicos, debemos ayudar a guiar los esfuerzos en esta batalla y contar con el apoyo inequívoco de un gobierno que escuche las voces informadas a medida que van cambiando las circunstancias de la pandemia. Estamos esperanzados de que estas nuevas alianzas y conversaciones entre médicos y científicos beneficien a Puerto Rico, no solo en esta crisis salubrista, sino en futuros retos que requerirán que unamos los recursos biomédicos de Puerto Rico. 

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