Enrique Vázquez Torres

Tribuna Invitada

Por Enrique Vázquez Torres
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Mi experiencia en una escuela chárter

Butler Yeats dijo: “La educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego”. Me jubilé del Departamento de Educación, agarré mis bártulos y fui a parar a Houston, Texas. Al mes, me llamaron para enseñar español en una escuela secundaria.

Para mi sorpresa, era una “charter school”. El 80% de los estudiantes eran de sectores marginados e hispanos. Me entrevisté con la superintendente de las escuelas chárter. De inmediato, se comunicó con el director de la escuela y este con la “dean” de la facultad. Fui citado para dar una clase demostrativa frente a ella y los estudiantes, quienes juntos decidirían si cualificaba para el puesto. Fui seleccionado para enseñar por primera vez en una escuela chárter. ¿Cómo fue mi experiencia?

Sabían que tenía que “pulsear con el difícil”. Para mi sorpresa, se me asignó una tutora. Tuve un salón con todas las comodidades y materiales. Compartía una oficina cómoda con dos colegas profesores de español.

El tiempo dedicado a la enseñanza y el aprendizaje era muy valioso. Si no había un sustituto en el Distrito Escolar, un maestro sustituía al compañero ausente. Se trabajaba en equipo pues había tiempo para las reuniones por materia.

Enseñé el curso “Spanish Advanced”. Sus estudiantes podían asistir a la Universidad de Texas si obtenían los puntos requeridos en el College Board. Se esforzaban aunque su primer idioma no era el español. Aprobar esta prueba era el orgullo de los estudiantes y la escuela.

La educación no era bancaria. El estudiante tenía materiales para trabajar las tareas . El estudiante explicaba sus conclusiones. Los docentes diversificaban sus clases: usaban el patio, el salón de teatro, las excursiones, conferenciantes invitados o un maestro experto en el tema. Los estudiantes dominaban muy bien el mapa conceptual y el organizador gráfico, los debates y otras técnicas de “assessment”.

Se enfatizaba mucho el deporte. La disciplina era muy rigurosa. Cuando el estudiante llegaba tarde, se llamaba a los padres de inmediato; igual si tenían tres ausencias. Los problemas de conducta se referían al trabajador social, quien hacía el informe y se reunía con el maestro. Si era necesario, se reunían maestro, estudiante, padres y trabajador social. Todo este proceso se hacía en menos de una semana.

Sin embargo, los estudiantes se veían contentos con el sentido de pertenencia. El estudiante se sentía apoderado de su escuela porque se le tomaba en consideración para tomar decisiones en las que ellos tuviesen que participar. El estudiante es importante en el nombramiento del docente. Por tal razón, no existía el bla, bla, bla del docente llenando el cubo, sino que se encendía la clase de manera distinta, con diferentes estrategias de enseñanza.

Un proverbio chino dice: “El conocer no es lo difícil, sino el hacer”. Todos conocemos lo que hay que hacer en nuestro sistema educativo. El problema es hacerlo. Se crea la crisis en el DE porque se altera lo establecido. Tal vez surge el temor a enfrentar la realidad de nuestro sistema educativo: cada día está peor. Sin embargo, en esta crisis, la escuela chárter puede hacernos crecer, autoevaluarnos, darnos cuenta de las fortalezas y debilidades de lo que se propone. Los que dirigen el cambio que llaman reforma educativa deben recordar que la educación está hecha para la convivencia democrática.

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