Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Miguel Romero: Trazando la raya

En el drama de los conflictos humanos suele ocurrir un gesto valiente y osado que desafía y vence el pronóstico que apuesta a lo más práctico o factible. El ejemplo clásico lo dejó Hernán Pizarro cuando en 1527 trazó con su espada la raya en la arena de la isla de Gallo. Eso hizo el pasado miércoles el senador Miguel Romero, frustrando la conspiración del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, en contra del gobernador Ricardo Rosselló Nevares.

Póngase en la perspectiva correcta. Esta lucha se libra bajo el planteo fundamentalista religioso enfrentado al principio constitucional sobre separación de Iglesia y Estado. No obstante, vestido el santo, más se refiere al reto del dirigente senatorial acostumbrado a la fuerza del mollero, no resignado a ser subalterno del gobernador. En el proceso, los líderes religiosos fundamentalistas se creyeron haber arrinconado a los líderes políticos para que respondieran a su dogma ultraconservador, terminando como rehenes en la pugna de poder desatada desde el Capitolio contra La Fortaleza.

El senador Romero siguió un instinto que conozco. La política es el arte de lo posible y el legislador con frecuencia se vislumbra como mediador que busca conciliar aspiraciones encontradas, persiguiendo el bien común. Romero intentó hacerlo en terreno minado con legislación volátil que despierta pasiones intensas, y terminó victimizado. El veto del gobernador lo llevó al terreno de las lealtades y el presidente senatorial decidió encerrarlo en la primitiva jaula de las “reglas de caucus”, imponiéndole una decisión tomada por la mayoría de senadores que controla. Cuando la política se juega como en la época de las cavernas, desobedecer al caucus implica quedarse a la intemperie y sin poder. Romero asumió el costo, entregó las comisiones con sus prebendas de presupuesto y con su voto solitario derrotó la intención del presidente del Senado para avasallar el veto del Gobernador.

El hoy senador Miguel Romero emerge de orígenes humildes capitalinos y, de abogado laboral, se convirtió en secretario del trabajo y, posteriormente, secretario de la gobernación en la Administración Fortuño. En ese desempeño público se le reconoce como uno de los funcionarios más articulados y capaces de aquel gobierno; y desde esa plataforma de lanzamiento es que llega al Senado y a la presidencia de su partido en la Capital, ahora proyectado a la candidatura de Alcalde en 2020. A ese nivel los retos sobran y se sabía de rivales dispuestos a retarlo. No más. Firme en sus convicciones y de frente a los estilos de la política arcaica del pasado, Romero trazó su raya en la arena. Ha nacido un líder.

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