Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
💬 0

Mil casquillos

Las muertes en las cárceles se complementan con las masacres en la calle y viceversa. En una carnicería reciente, que produjo seis víctimas, se recogieron mil casquillos.

Para nadie debe ser secreto que desde las prisiones de Puerto Rico se manejan muchos de los negocios del hampa. Si cae un sujeto importante en una cárcel, que no sé si ha sido el caso últimamente, las repercusiones pueden darse fuera. Esa violencia forma parte de un intrincado sistema de trasiego y lavado.

La Isla es un narcoestado hace lo menos una década. No es que una mayoría esté vinculada directamente al tráfico de drogas, sino que la actividad económica que se genera, salpica en todas direcciones. Los individuos que se dedican a este oscuro negocio, por fuerza gastan su dinero en comercios de todo tipo. Su entorno familiar también. Van a los centros comerciales, a los concesionarios de automóviles, a los hoteles, a las joyerías. ¿De dónde, si no, pueden abarrotarse nueve espectáculos de un mismo reguetonero, a precios nada condescendientes? 

Si el país padeciera el desempleo y la pobreza que indican las estadísticas, ni de chiste se llenaba una sola función. Eso lo saben incluso aquéllos que sostienen que la miseria y falta de oportunidades lanzan a los jóvenes a ese mundillo raro. Pues sí, a un gran número de ellos. Pero no es menos cierto que hay personas con educación, que proceden de familias estables, que deciden participar de las actividades del bajo mundo por avaricia. Porque la cantidad de dinero que se mueve es de locura.

Así las cosas, ésa es una de las válvulas de escape con la que nunca cuentan los sociólogos y los políticos. Puede que haya muchachos que hoy se embolsillan cien dólares diarios, que en el fondo quisieran tener un porvenir distinto, y lo aprovecharían si hubiera otra mentalidad y les inculcaran unos valores nuevos. Sin embargo, hay mucha gente que se mete en esto no por falta de horizontes, sino porque solo de esa forma pueden manejar un carrazo de sesenta mil o más. Y solo de esa forma, por volver al ejemplo del ocio, pueden gastar cientos de dólares por asistir a distintos espectáculos en un mismo mes. A la salida darse unos tragos. Y al día siguiente correr a comprarse la última novedad en celulares, o equipos de sonido, o el calzado que los obsesiona.

El que esté atento, objetivamente podrá verlo.

Lo curioso es que esto no es nuevo. Esa dinámica impera en el país, con sus altas y bajas, y sus ciclos, desde hace demasiado tiempo. Puerto Rico es un puente para el paso de estupefacientes que siguen ruta hacia los Estados Unidos. Es imposible custodiar todas las costas vuelta redonda, y se hace igualmente difícil evitar que de vez en cuando aterrice una avioneta en una propiedad privada. 

Se ha comprobado que la cantidad de droga que se queda en el país es insignificante si se compara con los cargamentos que están solo de paso.

Una estructura de esas dimensiones tiene efectos diversos.Por un lado, en el aspecto puramente económico, distorsiona las estadísticas. Es la razón por la que tanta gente está persuadida de que la crisis “es del gobierno”, no de la población. Por el otro, nadie dude que el conglomerado lumpen siempre apostará por el inmovilismo político —por el malo conocido— porque no le conviene otra cosa. A la economía “sumergida” la aterrorizan los cambios. 

Por ejemplo, si las costas y aeropuertos de Puerto Rico dejaran de ser custodiados por funcionarios federales y pasaran a manos de las autoridades locales, nadie podría viajar a los Estados Unidos sin completar trámites de aduana y presentar su pasaporte en una ventanilla. Y es que, una vez transferida la autoridad para que aquí se decida a quién se deja entrar —así sea a un ejército sirio— se alteraría el paso directo y sin papeles hacia cualquier ciudad estadounidense. A muchos de nosotros, bajar en Nueva York y hacer la fila de inmigración no nos importaría. Pero hay un sector que, por comodidad o costumbre, o por razones un poco más bizarras, no quisiera imaginar que deberá llenar un papelito declarando lo que lleva, y presentar el pasaporte cuando va desde San Juan a Orlando.

Tampoco creo que en manos de las autoridades locales se controlaría mejor un trasiego que no tiene que ver estrictamente con los puntos donde se expende la mercancía al detal. El negocio abarcador, el que mantiene a flote una estructura paralela, orbita a otro nivel. Con gran capacidad de reciclaje, puede decirse que por ahora es invencible. Seguirán librando sus batallas y ajustarán cuentas cuando les dé la gana.

Luego vendrá un período de relativa calma, no porque la policía saque más efectivos a la calle, sino porque cuando un bando vence al otro se tranquilizan los ánimos, y las fuerzas del orden público empiezan a presumir de que ellos lo han logrado, pero es mentira, no han tenido nada que ver. 

Otros países han comprendido que la legalización de ciertas sustancias, por un lado, y la conciencia social por otro, desalentando el consumismo, mitigan el problema. Eso conlleva ciertas dosis de sacrificio y austeridad, ¿pero cómo inculcar esos valores, si todos los días nos están diciendo que austeridad y sacrificio son infames conceptos?

Mil casquillos no es precisamente una cifra austera. Esos sujetos son el mejor ejemplo de derroche.


Otras columnas de Mayra Montero

domingo, 10 de noviembre de 2019

La hora cero para el Medicaid

Estamos a ley de nada para que ocurra un remezón muy serio, como por ejemplo este del Medicaid, y en las reacciones a La Encuesta yo he visto un poco de banalidad en los candidatos. Es como si no supieran que el concepto político tradicional se fue a pique, escribe Mayra Montero

domingo, 27 de octubre de 2019

Odiosas preguntas

Ya he dejado que otros presenten muchos libros propios y he acudido a las presentaciones de los libros de mis amigos. He tenido mi cuota, he cumplido con el ritual. He dicho basta, escribe Mayra Montero

domingo, 20 de octubre de 2019

Mil casquillos

Mayra Montero plantea que otros países han comprendido que la legalización de ciertas sustancias y la conciencia social mitigan el problema del narcotráfico. Eso conlleva ciertas dosis de sacrificio y austeridad, pero ¿cómo inculcar esos valores, si todos los días nos dicen que austeridad y sacrificio son conceptos infames?

domingo, 13 de octubre de 2019

Tocaba a la puerta el perro

La gente que como yo tiene una media docena de perros, lo piensa dos veces antes de morirse. Una vez que estuve muy enferma, solía echarme a llorar sin consuelo, no por la enfermedad ni sus achaques, sino por los perros, escribe Mayra Montero

💬Ver 0 comentarios