Nivia E. Vázquez Amadeo

Tribuna Invitada

Por Nivia E. Vázquez Amadeo
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Mi mundo se desplomó

Para muchas familias en Puerto Rico, la época navideña es sinónimo de alegría, disfrutar y compartir en unión familiar.  Es celebrar la llegada del Niñito Jesús a nuestros hogares y sentirnos bendecidos por lo que tenemos y por los que tanto amamos.  Sin embargo, hay familias, como la mía, que hemos sufrido la peor pérdida, la muerte de nuestros hijos y en esa época se recrudece el dolor por su ausencia. 

A veces pensamos que esa tragedia les toca a otras familias, pero nadie está exento de que un hijo o una hija muera.  Yo lo sé porque a mí me sucedió un 6 de junio de 1993.  Ese domingo por la mañana tocaron a mi puerta dos policías.  Mi amado José Francisco “Yoito” Barreto Vázquez había fallecido en un accidente automovilístico. Mi mundo se desplomó.  No hay palabras que describan el shock, la angustia, la desesperanza y la impotencia que sentí en ese momento.  El dolor tan profundo fue mi compañero por varios años porque tuve que enterrar ilusiones, esperanzas, un futuro.  Levantarme por la mañana con el peso de ese dolor profundo fue una tarea inmensa.  Iba, venía, trabajaba, existía pero tuve que aprender a vivir nuevamente porque me quedaba otro amado hijo, Roberto José. También por mi familia y por mí misma.   

Entonces conocí a The Compassionate Friends, una organización internacional y sin fines de lucro para madres y padres de hijos e hijas fallecidos.  En 1995 asistí a una conferencia en Filadelfia y me di cuenta que yo no estaba sola.  Habíamos más de mil padres y madres en duelo buscando ayuda y yo la encontré allí, ya que en Puerto Rico no existía un grupo de apoyo para compartir mi duelo.  Recibí mucha ayuda, había variada literatura y talleres sobre el tema, encontré herramientas que más tarde me ayudaron a establecer un capítulo en Puerto Rico. 

En 2000 nació el grupo de apoyo Los Amigos Compasivos, organizado por cinco papás y mamás que ya habíamos trascendido nuestro duelo.  Desde entonces hemos recibido sobre cinco mil familias en duelo por la muerte de un hijo, una hija, un hermano, una hermana, un nieto o una nieta.   Es el foro perfecto para apoyarnos y compartir lo que tenemos todos ahí en común: la muerte de un amado hijo o hija no importa las circunstancias ni el tiempo transcurrido. 

Nos reunimos el segundo domingo de mes en la Parroquia Stella Maris en el Condado, de 2:00 pm a 5:00 pm.  Allí hablamos el mismo idioma, recibimos a los asistentes con amor y comprensión y terminamos en una familia extendida unida por el mismo dolor pero comprometida a sanar.  Para más información puede llamar al 787-590-3377 o 787-319-6879.

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