Ismael Torres

Tribuna Invitada

Por Ismael Torres
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Mi papá, siempre presente

En los días previos al Día de los Padres no hay manera de uno no recordar al hombre, que junto a una gran mujer, como fue mi madre, lo dio todo para que su tropa de 14 hijos lograra salir adelante bajo condiciones muy precarias en aquel agrario pueblo de Orocovis.

Mi padre, Tomás (Masín) Torres Cintrón, trabajó la tierra casi toda su vida. Fue desde cortador de caña hasta capataz y medianero en fincas que no eran suyas, pero que las atendía con entrega y dedicación insuperables. Nunca lo vi disfrutar de unas vacaciones.

Fueron varias las veces que yo pequeño, sin edad todavía para ir a la escuela, caminaba desde mi casa en un lejano barrio de Orocovis a llevarle almuerzo a la tala donde estaba trabajando y sentir la ternura con que me recibía mientras los demás obreros lo miraban con cierto asombro por las expresiones de cariño que me regalaba. Esperaba que almorzara en la misma tala donde se hacía la siembra, sentado mirando a los jornaleros trabajar la tierra y regresaba a mi casa orgulloso, cargando el bolso de tela donde llevaba la fiambrera y demás latas donde mi mamá había colocado los alimentos y el agua.

Lo recuerdo también cuando regresaba de San Juan a Orocovis los viernes por la noche con un paquete que contenía pan, dulces y una lata de ensayada de frutas que siempre era objeto de controversia entre los más pequeños de la familia porque todos queríamos los pocos pedacitos de cerezas que había entre las frutas en la lata.

Pero independientemente del alboroto que se formaba con su llegada, era un momento hermoso que compartíamos porque uno sentía el amor que reflejaba cuando miraba aquella tropa ruidosa y alborotada que lo acariciaba luego de su ausencia desde la madrugada del lunes cuando salía hacia San Juan en carro público. Esa semana la pasaba en casa de su hermana Elena, en Lomas Verdes, Bayamón, de donde se desplazaba a trabajar en proyectos de construcción en distintas partes de la zona metropolitana. 

A mi padre le gustaban los gallos de pelea y en varias ocasiones nos ganamos algunos buenos regaños por haber permitido que a algunos de ellos se les dañara el pico por estar tratando de pelear con otros gallos que llegaban a la terraza de nuestra casa donde mantenía los suyos enjaulados.

Recuerdo también los apretones que nos daba cuando nos recortaba como cocos y movíamos la cabeza sin que él no lo indicara o nos causara risa algo que él no sabía. “Diablo de muchacho, quédate quieto que te puedo cortar una oreja”, me dijo en varias instancias mientras me recortaba, yo sentado en una silla en la terraza detrás de la casa.

Era común que luego de una semana de trabajo duro en la construcción en San Juan, los sábados saliera a dar una vuelta por el pueblo y regresara de noche bastante metido en tragos, ya que se encontraba con buenos amigos y entre trago y trago le daba la noche.

Mi papá fue un hombre bueno, con un nivel de tolerancia como pocos. Después de muchos años trabajando en la agricultura, por diferencias con el dueño de las fincas en las que era capataz, y al no conseguir otro empleo en Orocovis, optó por venirse a San Juan y emplearse en la construcción. Me consta que fue una decisión muy difícil porque era un hombre apegado a su familia y como obrero no diestro, al principio, no se le hizo fácil la transición.  

Todo esto que llevo dicho es solo para rendir homenaje a aquel buen campesino que terminó trabajando en San Juan bajo las condiciones más adversas, pero lo hacía porque tenía una familia numerosa que mantener. Y era un hombre orgulloso y muy formal.

Al recordarlo este Día de los Padres, rindo homenaje a todos aquellos hombres que con mucho sacrificio sacaron a sus hijos adelante y nos dieron lo que ellos no pudieron tener, principalmente un apoyo incondicional para que estudiáramos porque sabían que en aquellos tiempos la educación daba cierta movilidad social. Además de la educación en el hogar, era el único tesoro que nos podían dejar.

Alguna vez, cuando tenga más espacio, contaré sobre las muchas cosas que hizo cuando luego algunos de sus hijos se activaron en el movimiento independentista y él, sin ser partidario de ese ideal, con mucho respeto, nos observaba y nos apoyaba.

Vaya, pues, a él y a todos esos buenos padres mis respetos y admiración en el Día de los Padres.


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