Miguel Ángel Torres

Tribuna Invitada

Por Miguel Ángel Torres
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Mirar al futuro con planificación certera

Estamos ante un reto histórico. Consiste en enfrentarnos al futuro sin una planificación social, económica y política que propicie una estrategia que garantice un desarrollo real en la formación del conocimiento de nuestra población.

No conozco un país verdaderamente desarrollado que haya omitido la planificación para enfrentarse con éxito al futuro como sociedad responsable para beneficio de todas las generaciones. La planificación es el mapa de estrategias que traza el porvenir de la ruta de las decisiones racionales.

No basta con sólo existir como individuos como miembros de una nación. Hay que hacer un inventario de los recursos y logros con los que se cuenta. Hay necesidad de un examen crítico de evaluación sobre todos los planes que se han implementado y verificar en cuales de ellos hemos triunfado y en cuales hemos fracasado.

Pretender aspirar a un desarrollo económico requiere primero de un desarrollo cultural en los profesionales dirigentes que requiere cada área de industria especializada.

Es imprescindible lograr mediante un plan maestro las inversiones potenciales que requiere la nación para levantarse por sus propios recursos para que se propicie el desarrollo y no solo el crecimiento económico.

Para ello se necesita de la formación de capital propio, producto primero del incentivo o fomento del ahorro interno y la promoción educativa al pueblo. Así posibilitamos que se conozca de primera mano que la ausencia de capital interno para la inversión en la economía requiere de una cancelación urgente del consumo desmedido de cada persona y familia que nos lleva o produce la falta de ahorro interno, que es la causa radical de la descapitalización de una nación como la nuestra. Incentivar la inversión y no en el gasto superfluo es la clave del verdadero desarrollo. Esto requiere de políticas de incentivos para la inversión industrial en todas las áreas positivas posibles.

No debemos consumir por encima de nuestro ingreso ni ser víctimas de la propaganda comercial excesiva. Para contrarrestar esa realidad deben implantarse políticas económicas y culturales que cancelen o minimicen el gasto excesivo de las personas y propicien conciencia social de dichos errores sociales y económicos.

Para evaluar dicha problemática exhorto a estudiar la tesis El Desahorro en Puerto Rico 1968 al 1972, presentada en 1974 por un servidor como requisito para el grado de Maestría en Administración Pública en la Universidad de Puerto Rico.

En el país urge una evaluación interdisciplinaria de las Ciencias Sociales, la Educación y la Historia, para producir recomendaciones certeras para enfrentar el futuro con un diagnóstico real. Hagámoslo urgentemente.

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