Mabel M. Figueroa Pérez

La tilde de Mabel

Por Mabel M. Figueroa Pérez
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Mis abuelos en tiempos de Wanda, Apex y Maldonado

Palabra: lección

Significado: exposición que alguien hace sobre un tema para enseñarlo a otros

Etimología: viene del latín lectio

 

Hay cosas que los títulos académicos y las posiciones ejecutivas no te enseñan… muchas cosas. 

Mis vivencias y las conversaciones que sostuve con mis abuelos, Anita y Flores, antes de que partieran del plano terrenal fueron tal vez las más aleccionadoras. Por eso, cuando leo el intercambio que tuvieron el abogado Juan Maldonado y el empresario Roberto Rodríguez, dueño de Apex General Contractor, sobre la compra de pruebas rápidas para detectar el COVID-19 por $38 millones de fondos públicos, solo pienso en lo afortunada que fui de haberlos tenido para enriquecer mi existencia.

Abuelita Anita y abuelo Flores no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela. Él fue autodidacta, aprendió a leer y a escribir solo. Aprendió el arte de las matemáticas solo. Devoraba los periódicos y le encantaba discutir de política local e internacional. Ella siempre estuvo a su lado, y era muy común verla practicando su firma en una libreta y leyendo el periódico, particularmente los titulares, poco a poco y en sílabas. Cada vez que terminaba, me miraba con una sonrisa en sus labios. Yo, por supuesto, se la devolvía. Y si se trancaba, le ayudaba a descifrar lo que decía.

Mi abuelo fue comerciante. Comenzó vendiendo telas en una carretilla por las calles de mi pueblo natal de Añasco. Con mucho esfuerzo, ahorró y compró un local en el que levantó una tienda que bautizó como La Esperanza. Nunca vi a mis abuelos mofarse de la gente, alegrarse del dolor ajeno y mucho menos, aprovecharse de los demás. Jamás escuché que denigraran a otro ser humano.

Maldonado a Rodríguez: “Para que tú y Evelyn celebren con nosotros. El virus fue productivo”.

En la tienda de mi abuelo se vendía de todo: zapatos, ropa, perfumes, cacerolas, lápices. Allí, él regalaba sonrisas y en especial solidaridad con aquellos que no podían completar los pagos por lo que necesitaban. En las vacaciones, siendo una jovencita, lo ayudaba en estas faenas y fui testigo de la magia que irradiaba. 

Rodríguez a Maldonado: “Demasiado de muchos millones para un solo puertorriqueño. ¡Felicidades!”

Es muy triste asumir que las tragedias son campos minados de dinero y de gente que se aprovecha para hacer negocios o de políticos que buscan deslumbrar junto a los vulnerables. Recuerdo que mi abuelo, aún en tiempos de crisis, nunca dejó de despacharle mercancía a aquellos que no tenían dinero. Solía tener una libreta en la que apuntaba las deudas. La gente bajaba del campo a pagarle poco a poco y él seguía fiándoles cuando lo necesitaban, aún en momentos en que él también necesitaba. Las personas firmaban al lado de la cuenta y algunos tenían varias páginas.

Maldonado a Rodríguez:“Y estoy seguro también que nadie te había dado la firma sin preguntar para qué era”.

Mis abuelos eran la humildad encarnada. Mis abuelos eran de firmes convicciones. Criaron a sus tres hijas Elsie, Myriam y Sonia en ese entorno y luego, nos regalaron a todos sus 11 nietos grandes dosis de unión, apoyo, solidaridad y honestidad. Si alguien difería, lo oían con mucho respeto.

Wanda Vázquez, el 16 de abril del 2020 sobre las vistas camerales en las que se han revelado los entuertos de esta fatídica transacción: “¿Allí está Wanda Vázquez? Allí no está Wanda Vázquez. Allí están las personas del otro candidato (Pedro Pierluisi), que muy tristemente se han aprovechado de una necesidad del pueblo, de una emergencia, para poder crear toda esta situación y que va dirigida a eso… Todos esos representantes, ¿a quién apoyan? ¿A quién le han tirado en las redes sociales? A Wanda Vázquez… Así que el pueblo juzgue”.

En su inmensa sabiduría, abuelita Anita y abuelo Flores, no mentían y si fallaban, sabían admitirlo y disculparse. 

Wanda Vázquez, el 20 de mayo de 2010 sobre el contenido de intercambio entre Maldonado y Rodríguez, que se conoció como parte de las vistas de la Comisión de Salud de la Cámara que la gobernadora apuntó como chisme y ardid politiquero: “Lo expuesto en ese chat que divulgan los medios, nos provoca indignación y merece nuestro más contundente repudio. Que en medio de una emergencia de salud pública, y ante la urgencia de adquirir pruebas… estos individuos pretendían aprovecharse, guiados por un desmedido afán de lucro, es totalmente condenable”. 

Mis abuelos me enseñaron a asumir la responsabilidad de todos mis actos, como ellos siempre lo hicieron. Ambos eran transparentes como el agua. Gente con una dignidad inagotable y contagiosa. Gente con los pies en la tierra y de caminar firme. 

Informe sobre pesquisa de Departamento de la Familia en torno la repartición de ayuda a los damnificados de los terremotos en el suroeste de la isla y en el que apuntan a la senadora Evelyn Vázquez, quien estuvo allí junto a la gobernadora. “La intromisión en la toma de decisiones de figuras políticas sobre la distribución de los alimentos de ADSEF a los damnificados y su participación directa en la distribución de los mismos, pueden redundar en serias irregularidades administrativas y podrían configurar violaciones a leyes estatales y federales”.

La tienda La Esperanza terminó cerrando. Mi abuelo la vendió a un precio ridículo por las deudas que acumuló mientras le seguía fiando a la gente. Fue un proceso que sufrió solo. Nos enteramos porque un día se levantó y no salió a caminar hasta su local para trabajar, como hacía a diario. Nunca lo oí quejarse. Mantuvo la frente en alto y siguió ayudando a otros sin tener mucho. 

Mis abuelos sembraron semillas de honestidad que germinaban en frutos de confianza hasta elfin de sus vidas. Si aún estuvieran aquí, sufrirían por los profundos padecimientos de credibilidad, transparencia y honradez que experimentamos en el aparato gubernamental. 

Al final, lo que queda en mi interior son esas grandes lecciones que estos dos seres extraordinarios le impartieron a mi ser y la esperanza de la que me agarro con fuerzas para no desfallecer ante tanto lodo y mentira. Si no fuera por sus enseñanzas, que incluyeron mucha dosis de fortaleza ante la mentira y el desdén, el caparazón ya estuviera agrietado.

La estructura de la tienda La Esperanza en Añasco ya no existe. Ambos fallecieron. Lo que jamás desapareció fueron sus espíritus luchadores y todo lo que me enseñaron sus dueños, mis abuelos. ¡Gracias abuelita Anita y abuelo Flores por todo lo aprendido lejos de las universidades! ¡Gracias!

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