Jorge Farinacci Fernós

Punto de vista

Por Jorge Farinacci Fernós
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Mis “encuentros” con Bernie Sanders

Cuando tenía 12 años, me encantaba ver los debates congresionales en C-SPAN. La pantalla informaba la cantidad de republicanos y demócratas. Cuando noté que había un “independiente”, le pregunté a mi papá quién era. Él me contestó que era un socialista de Vermont llamado Bernie Sanders.

Años más tarde, estaba en Washington DC como uno de cuatro moderadores de un club de naciones unidas. Uno de nuestros estudiantes consiguió una reunión con el congresista Dan Burton. Acompañé al grupo al edificio de la Cámara federal, pero le informé a los otros tres moderadores que no entraría a la oficina de Burton, pues era conocido como un congresista racista, machista y de extrema derecha. Decidí esperar en el pasillo mientras el grupo se reunía con Burton.

No vi butacas o sillas en el pasillo, y pensé que no era una buena idea estar parado en medio del Congreso federal sin nada qué hacer. Decidí buscar asilo temporero en alguna oficina que fuese lo contrario a Dan Burton. ¿Tal vez Luis Gutiérrez o Nydia Velázquez? No tuve que pensar mucho porque cuando subí la mirada decía “Bernie Sanders – Vermont”.  Entré a su oficina y le informé a las personas que me recibieron que estaba buscando un “safe haven” progresista. Me indicaron que podía quedarme.

En esa oficina se respiraba solidaridad. Aproveché para leer la literatura que estaba disponible para visitantes. Leí dos publicaciones. Una era sobre los derechos de los trabajadores y la importancia de los sindicatos. La otra era sobre el feminismo y lucha de las mujeres por la igualdad. Bernie no me decepcionó.

Hoy Bernie está encaminado a ser el próximo presidente de los Estados Unidos y sigue hablando apasionadamente sobre la clase trabajadora, la avaricia del capitalismo y la viabilidad del socialismo como máxima expresión de la democracia. 

Como parte de su misión por eliminar la influencia indebida de multimillonarios y corporaciones, Bernie solamente acepta donaciones pequeñas de gente de carne y hueso. El promedio de las donaciones es de $27, demostrando que su movimiento es de pueblo, no de ricos. 

Como independentista y socialista, vivo con una constante tensión. Apoyar al Partido Demócrata me causa alergia. Su historial es corporativo y colonialista. Pero Bernie ha demostrado ser otra cosa. Por eso hoy, por primera vez en mi vida, contribuí a una candidatura en los Estados Unidos: le mandé a Bernie $27. 

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