Manuel G. Avilés-Santiago

Desde la diáspora

Por Manuel G. Avilés-Santiago
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Miss Puerto Rico: gallos, flor de maga y coquí

Hace aproximadamente 18 años, tuve como asignación la cobertura de la presentación del ajuar de Denise Quiñones. Tras un despliegue de trajes de coctel y vestidos de gala, dos hombres entraron a escena, cada uno con un gallo en sus manos. Acto seguido la pasarela se transformó en un improvisado coliseo gallístico en el que aquellos dos ejemplares libraron una batalla campal dejando un rastro de plumas que se confundió entre canutillos y lentejuelas. 

Minutos después, Quiñones retornó coqueta al escenario a exhibir con orgullo lo que sería su traje típico al Miss Universo, inspirado en las peleas de gallo.  El público estaba absorto. No sé exactamente si por la majestuosidad del atuendo o por lo inesperado del performance. Tampoco era por novedad, pues diseños basados en las peleas de gallos ya habían sido musa en décadas anteriores. De hecho, Dayanara Torres lució un atuendo inspirado en este tema. Lo que sí quedó claro es que la enorme ave acaparó las portadas de los rotativos locales. 

Como cada año, el traje fue recibido con recelo por el público. Algunos celebraron el detalle en la confección y otros lo comparaban con otra ave, el guaraguao. Hoy día, sería impensable llevar un traje típico inspirado en las peleas de gallo. Los recientes debates públicos que, por un lado, catalogan el deporte como uno sanguinario; por otro, reconocen su aporte a la economía, no lo permitirían. 

Sin embargo, las fuentes de inspiración para la competencia de trajes típicos no faltan. Si analizamos la historia de los atuendos que se han presentado en el Miss Universo, el catalogo incluye la flora y fauna, la arquitectura y hasta nuestro pasado y presente colonial.

Por ejemplo, de nuestra flora, han desfilado por la pasarela universal interpretaciones del árbol de flamboyán, la flor de maga, la caña de azúcar y el bosque tropical El Yunque. Se han elaborado trajes de fantasía inspirados en íconos de la arquitectura como el Antiguo Casino de Puerto Rico, El Morro y las losas criollas. El Pirata Cofresí ha sido llevado a Miss Universo en dos ocasiones y un vestido inspirado en el escudo de Puerto Rico desfiló en Filipinas. En fin, competidoras disfrazadas de diosas taínas, “damas de sociedad” y vejigantes han recorrido el mundo en celebración del mito de la gran familia puertorriqueña.  

Este año se logró lo que parecía imposible. Por vez primera en la historia de la missiología nacional el traje típico que lucirá nuestra representante al Miss Universo 2019, Madison Anderson Berríos, es del agrado de la gran mayoría. La balanceada simbiosis entre la flor de maga y el coquí, logró complacer el ojo crítico del circuito de missiólogos. El atuendo, trabajado en estética Disney, es colorido, antropomórfico, con efectos de luz y sonido. El traje cuenta una historia, que vincula la peculiar biografía del coquí dorado con nuestra representante, una hija de la diáspora puertorriqueña. 

Y aunque la competencia de traje típico no tiene influencia alguna en los resultados del certamen internacional, en Puerto Rico sí se toma con bastante seriedad. Año tras año, la selección, creación y recepción del traje típico revela los complejos entramados de nuestra identidad nacional. Los debates entre lo que es y lo que no es típico, lo que admitimos como parte de la historia y lo que no, lo visible y lo invisible, pone en manifiesto la siempre problemática (re)interpretación acomodaticia de nuestra historia.

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