Raymond Pérez

Tinta Boricua

Por Raymond Pérez
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Mi sueño “loco” como dirigente de Grandes Ligas

Estipulemos tres asuntos. Primero, que el béisbol, técnica y estratégicamente, ha cambiado. Segundo, que nadie ha visto el “librito para dirigir en la pelota” y, tercero, que la cuarentena nos tiene soñando locuras.

Sobre este último asunto escribo hoy, pero ligado a las otras estipulaciones. 

Soñé que era un dirigente de Grandes Ligas, pero que mis decisiones no se ajustaban a un mentor de la vieja escuela, sino que dirigía en contra de toda “regla”.

Hice cambios estructurales y de logística en cuanto a mi alineación, y lo mismo con la rotación de mis lanzadores. 

Claro, los jugadores ya habían “comprado” mi filosofía de juego. Gana el equipo, olvídense de los números individuales, sobre todo los lanzadores.

Y, tomando como ejemplo, que yo dirigía el equipo de los Blue Jays de Toronto del 2000, con bateadores como Carlos Delgado (41 jonrones y 137 empujadas), Tony Batista (41 jonrones y 114 impulsadas), Brad Fullmer (32 jonrones y 104 impulsadas), José “Cheíto” Cruz (31 jonrones y 76 empujadas), Raúl Mondesí (24 y 67), Shannon Stewart (21 y 69), Darrin Fletcher (20 y 58) y Alex González (15 y 69), hice mi orden de bateo. 

Coloqué hombres de fuerza en el primer turno al bate, el cuarto y el séptimo (como tener tres cuartos bates salteados). Además, los complementé con buenos corredores y con mejores porcientos de llegar a bases en el tercer y octavo bate. 

Tomando eso en consideración, coloqué a Delgado como primer bate (ese año bateó 196 hits y anotó 115 como cuarto bate). Fullmer sería mi cuarto bate y Batista, séptimo. Mondesí iría tercero y Cruz octavo. 

Ese sería el piso fuerte del orden de bateo, y sumando todavía los bates de Fletcher, González y Stewart, junto al resto de los jugadores.

En cuanto a los lanzadores, ocho serían iniciadores, pero con actividad limitada por juego. Dos abridores por juego para repartir las primeras siete entradas, dependiendo de cómo fuera el juego, estemos ganando o abajo. Podrían tirar cuatro y tres entradas, una y seis, o más o menos esa suma. Lanzarían cada cuatro días, con menos carga de trabajo, y hasta en un momento dado la combinación de la dupla podría cambiar. Igual, podría cambiar el orden de aparición en el juego: un iniciador tirar cuatro entradas, vienen los relevistas y cierro con tres entradas con el otro abridor. Lo otro podría ser lo ordinario, al final los relevistas y el cerrador. 

Ese equipo del 2000 tenía en sus filas a David Wells (20-8), Kelvim Escobar (10-15), Chris Carpenter (10-12), Frank Castillo (10-5), Esteban Loaíza (5-7) y Roy Halladay (4-7), entre otros, con Billy Koch como cerrador (33 salvados).

Toronto, en el 2000, arribó tercero en el Este de la Liga Americana (83-79). 

No sé qué pensarán, por ejemplo, Edwin Rodríguez, Alex Cora, Charlie Montoyo y Dave Martínez, sobre mi plan de trabajo, pero, así lo soñé, de locura, por cierto. Lo que no me dio fue tiempo para ver cómo terminaba mi equipo esa campaña o si me gritaban: “You are fired!”

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