Mario González Torres

Punto de vista

Por Mario González Torres
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Mi vida con déficit de atención

No se imaginan cuántas veces en mi vida escuché estas palabras: Nene quédate quieto, ¿que tienes hormiguillas?, ya verás cuando lleguemos a casa. Estas oraciones son familiares para muchas personas que han vivido con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

El TDAH es una de las condiciones de salud mental que más trabajo en mi practica como psiquiatra subespecialista de niños y adolescentes. Se estima que un 5% de la población general padece de este trastorno, aunque algunos investigadores han reportado hasta un 10 % de prevalencia. Históricamente, se ha descrito como una condición que solo ocurre en niños y adolescentes. Hasta los criterios diagnósticos establecen edades específicas para diagnosticarlo.  

A diario veo personas preocupadas por el bienestar de sus hijos referidos por las autoridades escolares por dificultades con sus notas o conducta. Uno de los mitos más comunes de esta condición es que los adultos no la padecemos. Esto no puede estar más lejos de la realidad, ya que muchos de nosotros continuamos luchando con los síntomas a diario. 

Conozco bien esta condición. Trabajo con ella frecuentemente en mi práctica, he leído los libros muchas veces. Pero mi relación con el TDAH es más íntima ya que la vivo desde niño.

En este momento es fácil identificar como se presentaron los síntomas de TDAH en las distintas etapas de mi vida. Desde los regaños de mis padres y cuidadores por no poder quedarme quieto, ser “lucío”, perder objetos como lápices y loncheras, hasta bajar las notas en la escuela superior, tener dificultades en el primer año de universidad y retos en la escuela de medicina. 

Fui diagnosticado con TDAH mientras estudiaba en la escuela de medicina. Aún recuerdo aquella noche que llevé seis libros a la biblioteca, ya que pensaba estudiar de todas esas materias por dos horas. Pueden imaginar lo que pasó. No estudié adecuadamente ninguna.

Mucha gente piensa que la condición solo afecta el aspecto académico, pero la realidad es que puede afectar mucho más. Personas con TDAH que no son identificadas o tratadas tienen mayor riesgo de inestabilidad laboral, ganan menos dinero que sus pares y pueden tener más dificultades en sus relaciones interpersonales. Me hubiera gustado obtener la ayuda necesaria antes. Quizás mi experiencia a través de la vida fuera distinta. Aun así, doy gracias por todo lo vivido, ya que me ha ayudado a desarrollar resiliencia y empatía.

El proceso para identificar o descartar el TDAH incluye varias cosas. Una buena entrevista clínica al paciente y a sus cuidadores. Hay que descartar otros trastornos psiquiátricos como uso de sustancias, depresión, ansiedad y trastorno bipolar, así como otras condiciones de salud.  

Una vez identificado el TDAH, hay opciones de tratamiento dependiendo la necesidad de cada paciente. Para algunos pacientes, la medicación puede ser beneficiosa. Es uno de los tratamientos más efectivos para esta condición, pero tenemos que estar claros de que no está libre de riesgos. Yo acepté la medicación y se nota la diferencia. Me ayuda a mantenerme atento por tiempo prolongado, ser eficiente en mi trabajo y manejar mejor las situaciones del diario vivir.  

Comparto mi historia con el deseo de romper las barreras y estigmas que hacen que muchos no busquen ayuda. Es posible que haya muchas personas pasando situaciones similares a la mía. Pienso que es importante conocer a lo que nos enfrentamos. Eso nos ayudará a tomar las medidas necesarias para hacer los cambios pertinentes y apoderarnos de nuestra vida.

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