Brenda Torres

Tribuna Invitada

Por Brenda Torres
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Modelo de alto rendimiento para la reconstrucción

No debe quedar la más mínima duda de que para cada proyecto de revitalización, reconstrucción, resiliencia y mejoras capitales debe contemplarse la voluntad de la comunidad para la cual se llevan a cabo.

Esta manera de proceder requiere más que el interés de lograr incorporar a la comunidad. Requiere de una mente abierta, de protocolos que aseguren transparencia en los procesos y de presupuesto para lograr llevar a cabo la integración de manera constructiva.

Esto sugiere pasos adicionales, pero instrumentales a la hora de asegurar una inversión responsable y sostenible.

Por ende, los residentes de toda comunidad, sin importar su estatus económico, deben ser consultados desde el análisis de necesidades hasta el proceso de ejecución de soluciones.

De los contratistas proviene el conocimiento técnico, y de los ciudadanos se desprende una gama de información crítica para el diseño de soluciones. En conjunto, se toman ventajas de las sinergias y se delinean estrategias.

Durante la reciente Cumbre de Recuperación tras Desastres, organizada por la Iniciativa Global de la Fundación Clinton, expertos señalaron que el desafío de prevenir, mitigar y adaptarse al cambio climático es mayor en las costas caribeñas. Allí, presenté el trabajo del Estuario en apoyo a la resiliencia de dos comunidades en Cataño, llevado a cabo junto a las organizaciones El Corredor del Yaguazo y a la Comunidad Organizada de Puente Blanco.

En específico, compartí el proyecto de vaciado e inspección de pozos sépticos. Esto, como ejemplo del gran reto que tenemos por delante dado a que más del 40% de la población en Puerto Rico dependen de los sistemas sépticos para desechar aguas residuales domésticas.

La comunidad de Juana Matos no cuenta con infraestructura sanitaria pública. Depende de pozos sépticos ubicados bajo el nivel freático. La comunidad de Puente Blanco tiene acceso al sistema sanitario público, pero muchas casas carecen de conexión.

Con una inversión de $175,000 evaluamos necesidades, orientamos a los vecinos, coordinamos inspecciones, limpiamos, medimos la calidad del agua y auscultamos la respuesta vecinal. El equipo del Estuario fue uno diverso, variando desde hidrólogos hasta trabajadores sociales.

En total logramos desviar 46,600 galones de aguas usadas extraídas de más de un centenar de tanques sépticos. Así, disminuimos la presión sobre los humedales aledaños mientras aportamos calidad de vida a los vecinos.

Lograr este proyecto exitosamente no sólo representa un alivio inmediato para las comunidades, sino un modelo a seguir por parte de todos los que se encuentran auscultando maneras de ser parte de la reconstrucción de Puerto Rico. El Estuario propuso replicarlo como parte de la gestión del Grupo de Trabajo Intersectorial para el Manejo Pozos Sépticos, creado por la Agencia de Protección Ambiental. Ahora nos toca diseñar soluciones junto a la comunidad y expertos.

En fin, mirando hacia el reto de los próximos años, debemos incorporar en nuestros presupuestos el factor social y proyectar etapas de proyectos con esto en mente. Las comunidades conocen sus problemas y quieren ser parte de las soluciones. Su participación asegura un mejor rendimiento de los fondos para la reconstrucción.

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