Ana María García Blanco

Punto de Vista

Por Ana María García Blanco
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Montessori pública y el Puerto Rico posible

El nuevo año académico les brinda nuevas oportunidades a las escuelas públicas Montessori, que ya aumentaron a 53, para cambiar con educación de excelencia las vidas de niños y jóvenes puertorriqueños. 

El 28 diciembre de 2018 la pedagogía Montessori se convirtió formalmente en parte del Departamento de Educación a través de la aprobación y firma de la Ley 277. Esta reforma tiene sabor a los nuevos tiempos y hay razones para celebrarla.  Es una legislación que nace de treinta años de trabajo comunitario, de la propia escuela y contribuye, desde allí, a transformar el Departamento de Educación. Esta reforma hace accesible Montessori a miles de niños alrededor de la isla, que en su mayoría viven bajo nivel de pobreza, a una opción pedagógica antes solo presente en colegios privados.  En la década de 1990 Montessori cruzó la calle del sector privado al sector público. Es una experiencia viva de democracia e integración social.

Esta reforma nace de mesas redondas de trabajo. En ellas son los directores, maestro/as, familias los que toman decisiones y hacen un pacto con códigos de honor, bien común y sana convivencia. Se reconoce el valor que tiene la escuela pública.  No busca alternativas privatizando servicios fuera del sistema, las encuentra en sus propias entrañas de solidaridad y trabajo arduo. De este modo también cuida y maximiza los recursos que los contribuyentes hacen a la educación de todos.

Esta reforma, distinta a otras que se alteran como las modas y no están basadas en la ciencia, se sostiene en una pedagogía probada. ¿Qué significa esto para nuestros niños y jóvenes? Significa que saldrán de la escuela con opciones reales de vida. Los estudiantes salen académicamente bien preparados: generalmente leen en o antes de llegar a primer grado, obtienen resultados positivos en sus materias y las llamadas pruebas estandarizadas. En dichas escuelas no hay “desertores” o incidentes significativos de violencia. Se establece una cultura de paz y de sana convivencia. Los egresados siguen sus estudios, llegan a la universidad y estudios graduados y/o se unen a la fuerza laboral.   

Se crea una unidad que ejerza autonomía real y participación directa de la comunidad a la cual sirve. La Ley 277 establece la Secretaría Auxiliar de Educación Montessori (SAEM) junto a la Oficina del Secretario de Educación. Nace para que “se pueda desarrollar el plan especializado que cumpla a cabalidad con la misión”. Para ello reconoce la necesidad de “la autonomía que le dé la flexibilidad … en términos de: currículo, planificación, organización escolar, formación de los maestros y personal, educación a padres y madres, y participación activa de la comunidad en su proyecto académico y social.” SAEM tiene el deber y la potestad para desarrollar el modelo tal cual es. Este modelo trae un lugar digno y tranquilo de trabajo para servir de forma óptima.  

Distinto a otros puestos deeste nivel, la secretaria/o auxiliar de SAEM es recomendada por la comunidad de escuelas a la cual sirve y designada por el secretario por un término de cinco años. Es un personal de “confianza” de la comunidad. La secretaría modela la metodología de gobernanza compartida que promueve en sus escuelas. A la secretaria auxiliar le acompaña una mesa “asesora” de maestros, padres y directores desde la cual, y junto a la cual desarrolla sus políticas, planes, formulación de presupuestos y propuestas.  

De esta manera se utilizan los fondos que requiere la Ley el DE invierta en SAEM de forma más transparente, eficiente y verdadera.  Es importante que en estos tiempos de “nuevos” se les dé respaldo rotundo a iniciativas como esta—se le da paso a una Ley que nació en el corazón de nuestras comunidades, se le otorguen sus fondos y su lugar digno de trabajo. 

Otro Puerto Rico, de verdad, es posible. La escuela Montessori, allí donde echa raíces, ha alcanzado no solo logros en el ámbito académico. Ha sido motor de transformación social y economía de la comunidad a la cual sirve. La escuela hace su tarea y cumple con su finalidad, como diría Hostos: logra la transformación social del lugar donde habita. 

Es motivo de satisfacción ver como distintas voces, de la comunidad, de alcaldes, de legisladores se han unido para fortalecer desde el niño, desde la escuela, el departamento de educación pública de nuestra isla.

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