Jaime Lluch

Punto de vista

Por Jaime Lluch
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Motivo para la esperanza

Cada uno de nosotros concibe lo que es este mes y pico de la Navidad de una forma muy personal, pero creo que en el fondo hay dos visiones: una es cultural, humana y cotidiana, artística, secular, y refleja cierta modernidad. Esta es la Navidad que nos trae recuerdos de algunos de los mejores momentos de nuestras vidas: las reuniones con familia y amistades, los obsequios a nuestros seres queridos, la magia de ser niño o de tener niños y verlos felices viviendo la magia navideña, el ambiente de renovación cívica y paz, la música y la comida típica. 

La otra visión es más religiosa, tradicional, introspectiva, y busca trascender lo cotidiano a través de una genuina meditación cristiana sobre el significado de los eventos que celebramos en la Navidad.  Esta es la Navidad del creyente, y seguramente debe ser el período de reflexión espiritual más importante del año.  

Cada Navidad hay un debate sobre estas dos visiones en Barcelona.  Cada año la Asociación de Pesebristas presenta un número de pesebres tradicionales a través de la ciudad, de los cuales uno de los más impresionantes es el del Museu Frederic Marès.  Como contrapunto, cada año en la Plaza Sant Jaume el Ayuntamiento le encarga a un comité artístico crear un pesebre artístico que siempre resulta ser muy poco convencional.  Tuve la oportunidad de apreciar ambos pesebres en el último mes.  

El tradicional del Museu Marès era espléndido en su detalle y extensión, reproduciendo de manera realista la vida en el mundo agrario del Belén o Nazaret de hace dos milenios, y presentando las figuras centrales de Jesús y su familia con expresiones tiernas.  Creo que era muy fiel a lo que escriben Lucas y Mateo sobre el nacimiento de Jesús. 

Por otro lado, el pesebre artístico de la Plaza Sant Jaume este año nos presenta un “pesebre” modernista que nos hace pensar en la primera dimensión de la Navidad:  la de nuestros recuerdos, la de nuestra vida cotidiana, la de la memoria colectiva que nos hace humanos.  El “pesebre” por un lado presenta la ciudad, y por el otro una vista del interior de algunos hogares a través de lo que parecen ser unos armarios abiertos, y dentro vemos los recuerdos de toda una vida: objetos vinculados a la Navidad (algunos quizás olvidados), fotos de familiares que ya no están con nosotros, memorias, música que ya no escuchamos.  En esos armarios están tus orígenes, tus raíces, tu familia, y tus objetos:  es tu vida.  El “pesebre” es precioso de noche con las luces, y de día es enigmático.  Invita a quedarse un rato contemplando los detalles.  

El lugar tiene una placa explicativa que dice así: “…y abrí el armario del desván y de allí salieron un montón de cajas de objetos olvidados, y entonces me di cuenta de que eran mis recuerdos dormidos de Navidad.  El olor a canelones, las figuritas envueltas, las guirnaldas, los reencuentros…y supe que tú también tienes en tu casa, en tu ciudad, tus propios objetos olvidados.”

O sea, la Navidad es tu y yo, y es nuestra vida, y las dos dimensiones de la Navidad, la cultural-artística y la de raíz religiosa, pueden convivir y esa convivencia nos enriquece espiritualmente y nos da motivo para la esperanza.


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