Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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Mr. Cangrimán: ¡Ya!

El popularismo viene en la obligación política de exigirle al Congreso que culmine el autonomismo según diseñado en el “Proyecto Johnston-McClure” radicado allí en 1989. Por más de un siglo hemos simulado la existencia de buena fe en Washington pero los eventos actuales la regurgitó. Así que hora es ya para éste ultimátum: o se legisla esa culminación del autonomismo dentro de un tiempo fijado, o el popularismo liberaría a sus electores para que apoyen la independencia o la estadidad.

Solo momentos de crisis, para EE.UU., han causado cambios significativos en nuestra relación.  La Primera Guerra produjo lo de la ciudadanía; Corea a Piñero y al primer gobernador electo (Muñoz); la insurrección Nacionalista y la Guerra Fría al ELA. Este  ultimátum significaría una evidente crisis para EE.UU, que sería la confrontación, aquí y allá, entre el asimilismo y el separatismo sin un centro amortiguador y la consiguiente estela de controversias sensitivas. Se desenmascararán profundos prejuicios y activará a los veinticuatro Estados con menos población que P.R. Además, la controversia atraería la atención crítica internacional.

El planteamiento no es novel para el PPD. Fue presentado en una Asamblea celebrada en Río Grande hace años y derrotado en una comisión. Es un asunto que tiene que retomar. Entonces nuestra realidad era otra. Más gente era temerosa de las reacciones del cangrimán (boricuada para “congressman”), que las que hay ahora cuando la estamos viviendo. Además, de allá a acá, Bush aseguró que nos podía transferir a otra nación, Clinton y Obama borraron el autonomismo que entendíamos existía y, recientemente, Obama alegó en el Tribunal Supremo federal que lo resuelto sobre el ELA  judicialmente por ese, en el pasado, es falso. Y todo con un Congreso rehén de la derecha ultraconservadora hispanófoba, presta a devolvernos al estado de derecho tapa-rabo de 1900.

En situaciones como la nuestra hoy, el puertorriqueñista se anima a ‘revolcarse’. Si, revolcarse, porque la revolución es imposible—de cada diez conspiradores, ocho serían agentes federales—. Además, esa se da cuando no existen vías legales accesibles. Vieques fue magistral ejemplo de un gran revuelco. Podemos imitarlo. El Juez Torruellas propone un interesante revuelco mediante boicot al mercado estadounidense. Wilda Rodríguez propone un atractivo revuelco vía un caos electoral.

Podríamos revolcarnos cómoda y creíblemente con  “todas las anteriores”. Pero el popularismo, en su situación actual, nada pierde con apadrinar el revuelco sugerido que solo el PPD puede generar. Por el contrario. Si los cangrimanes ceden, se culmina el ELA. Si no, es hora ya de “colorín, colorado, ese cuento…”                                                                                 

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