Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Mudos los candidatos ante el asesinato de niños

Una niña de tres años debe estar jugando con sus amigos, hermanos y familiares. Debe correr, bailar, brincar, reír y soñar. Su derecho a crecer y vivir debe ser incuestionable. Sin embargo, camino a su iglesia de nombre Casa de Refugio y Adoración, Nayelis Sofía, una preciosa infante de Loíza, perdió la vida a manos de viles, inmundos e inhumanos homicidas. No hubo refugio suficientemente fuerte como para salvar su corta e inocente vida ni adoración alguna al valor de su existencia.

Como en una absurda pesadilla kafkiana, cuentan que los sicarios gritaban haberse equivocado de personas, como si ello fuera excusa. Pero no hay confusión, señores. Quienes empuñan armas para fungir de gatilleros siempre terminan matando a alguien a voluntad o por “por accidente”. No es un triste error de cálculo sino evidencia del mal destino que escogen cuando se abrazan a la violencia callejera.

Amargamente, al igual que en las guerras, la muerte de inocentes las consideran “casualties” del negocio. Errar el objetivo de una matanza es, sin duda, una horripilante tragedia pero para los verdugos nunca es un error imposible porque traen el corazón envenenado con hambre de sangre ajena y sus cabezas borrachas con el dinero o reconocimiento que recibirán como pago por sus fechorías.

Se dice que el alma de los pueblos se conoce por la forma en que tratan sus niños, sus viejos, sus mascotas y muertos.

Sin  respeto no hay convivencia sana pero, como vemos, no hay trato compasivo ni respetuoso en nuestros tiempos en medio de la podredumbre social en la que vivimos, ¿qué nos dice eso? La lacra social de la violencia no se cura sola.

Sabemos que los verdugos tienen sus días contados, no solo por el vil asesinato de esta inocente niña (como si por sí mismo no fuera suficiente causa) sino por el estilo de vida que han escogido. La violencia siempre engendra violencia. El que a hierro mata, a hierro muere. Aunque digan que poco les importa, es causalidad establecida. El ciclo de la temprana muerte en el mundo de la violencia está más que probado. Las estadísticas de muertes por crímenes violentos establecen vidas bastante cortas para los gatilleros.

Pero nada de eso restaura el daño y el dolor. Nada devuelve la vida a Nayelis ni a otros menores sacrificados sin piedad en guerras callejeras sin cuartel como los recientes asesinatos de Jancely Barbosa de 6 años y Michael Romero de 10. Tenemos el corazón partido de dolor, una vez más. La tragedia inunda los ojos y las lágrimas intentan aliviar la carga que llevamos todos los puertorriqueños de sana y sensata moral en dolor, rabia y vergüenza por estos desdichados, cobardes y frustrantes eventos. La gente buena de Loíza merecen vivir mejor.

Mientras, en el mundo de las candidaturas, siguen los discursos de bazofia y retórica política sobre el crimen. Repiten el mismo libreto a pesar de que Puerto Rico se ha convertido en una peligrosa zona de alto riesgo a la vida agravado por tantos oportunistas eleccionarios. Los refritos son la orden del día y no se augura mucho progreso en política pública contra el crimen.

Finalmente, pero no de menor importancia, es nauseabundo escuchar el “consuelo” de aquellos que dicen que están bien y que nada de esta tragedia les toca. La indiferencia, el miedo y la negación son las mejor aliadas de la violencia callejera. La insensibilidad de tal distanciamiento me sobrecoge y me siento sin futuro de país frente a tales  disparates de lógica clasista.

Si de algo sirve, convoco a que al votar en estas próximas elecciones tan solo recuerde por un momento en el dolor de una madre al tener que ir a reconocer el cadáver acribillado de su inocente angelita en Ciencias Forenses y evalúe cual de esos candidatos realmente propone un alto efectivo al crimen y la violencia social. Salga de la plaga eleccionaria del fanatismo partidista y diga con su voto quién merece la oportunidad y responsabilidad de crear mejores condiciones de vida para nuestros hijos.

Atrévase a hacer algo distinto para detener la epidemia del crimen y violencia. No espere a que sea uno de los suyos porque todos somos uno al fin y al cabo. No a los asesinatos de niños. No a la violencia. No a la retórica politiquera. Rescatemos la paz y el derecho de nuestros hijos a la vida.

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