María de Lourdes Guzmán

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Guzmán
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¡Muera la inteligencia!

La Universidad de Puerto Rico (UPR), nuestra alma mater, está nuevamente bajo asedio. Nuestro principal centro de estudios, la universidad del Estado, patrimonio de nuestro acervo cultural, se encuentra, una vez más, amenazada por el gobierno de turno. Sabido es que, históricamente, para los gobiernos conservadores, represivos y/o de corte fascista, las universidades ha sido un adversario al que hay que controlar y silenciar. Nuestra universidad no ha sido la excepción. En lo que a la UPR concierne, cada vez que cambia la administración gubernamental, esta se convierte en blanco de todo tipo de ataques de los políticos, que indiferentes a la enorme importancia que reviste la institución para nuestra vida como pueblo, se empecinan en manejarla como una empresa. 

La actual coyuntura es particularmente peligrosa para la UPR, en vista de que la Junta de Control Fiscal, desde su primera reunión, la incluyó en la lista de instituciones y corporaciones públicas con las que se propone intervenir. Ello ha dado a la administración de Ricardo Rosselló, el pretexto necesario para comenzar el acoso del que hemos sido testigos, exigiéndoles, de manera implacable, la pronta confección de un plan fiscal en el cual se recorten nada más y nada menos que $300.00 millones de su presupuesto. 

La ofensiva emprendida por parte de altos funcionarios del gobierno del PNP, contra la administración universitaria para que produjeran el plan fiscal exigido por la Junta de Control Fiscal a la que le sirve incondicionalmente el actual gobierno, forzó la renuncia de la presidenta interina de la universidad, Dra. Celeste Freytes y de nueve de sus once rectores. Aun cuando muchos piensan que no era momento de abandonar el barco, para los funcionarios renunciantes resultaba indigno convertirse en los verdugos de la institución, replegándose a las exigencias de unos burócratas para quienes la UPR, más que un imprescindible proyecto social, se ha convertido en un estorbo a su visión neoliberal y empresarial.

La UPR, además de nuestro principal centro docente, que le sirve a un considerable sector de estudiantes de escasos recursos, es lugar de encuentro de la diversidad que representa la sociedad puertorriqueña, es lugar de discusión amplia y profunda, donde se cultiva la libertad de cátedra, el desarrollo del pensamiento crítico y se forman nuestros grandes hombres y mujeres. Por su propia naturaleza y composición social, se ha convertido en punta de lanza de muchas luchas sociales y políticas y el muro de contención a la implantación de medidas gubernamentales injustas para el pueblo. Ello ha creado enorme resentimiento de la clase política gobernante, ajena en su mayoría al quehacer universitario y para quienes la institución se ha convertido en un enemigo de sus proyectos mercantilistas. Basta recordar las expresiones del ex gobernador, Romero Barceló de que los estudiantes utilizaban el dinero sobrante de las becas para comprar drogas y beber y las del Alcalde de Fajardo, Aníbal Meléndez, manifestando su deseo de rajarle la cabeza a los estudiantes “como si fuera un melón”. Remontándonos a la intervención de los franquistas en  la Universidad de Salamanca en 1936, su consigna es “Muera la Inteligencia”.

La nueva encrucijada que enfrenta nuestra amada universidad, llama una vez más, a la organización de la resistencia contra un gobierno ilegítimo que pretende despojarnos de nuestro sagrado recinto. Desafiemos juntos esta nueva afrenta. La consigna es y será: No pasarán.    

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