Ana Lydia Vega

A Cuatro Ojos

Por Ana Lydia Vega
💬 0

Mujeres a fuego

El 2019 ha sido el año de los grandes estallidos mundiales. Francia, Cataluña, Hong Kong, Irán, Líbano, Filipinas, Argelia, Chile, Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador, Haití, Puerto Rico… En cuatro continentes y tantísimas partes, la gente se ha lanzado a la calle para denunciar abusos, exigir justicia y hasta destituir a gobernantes.

Dentro de ese panorama de insurrección civil globalizada, resalta el levantamiento ciudadano protagonizado por mujeres. Eso, claro, no surge en el vacío. Lo impulsan dos años de activismo intenso con importantes repercusiones internacionales. En 2017, irrumpe el poderoso movimiento Me Too, iniciado en las redes sociales. En 2018, se forma el colectivo Time’s Up, integrado por cientos de actrices de Hollywood. Los dos declaran una guerra sin cuartel contra el acoso y las agresiones sexuales.

Los ajustes de cuentas femeninos tienen una sólida trayectoria que, por obra y desgracia de la censura, no figura en los manuales escolares. Habría que remontarse a los comités de mujeres de la Revolución Francesa para registrar algunos de los primeros gestos de enfrentamiento a los atropellos de género. No pretendo infligirles aquí un historial de hazañas feministas. Me limitaré a mencionar dos manifiestos esenciales de fines del siglo 18 como telón de fondo a los reclamos de hoy.

En respuesta a la célebre “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” de 1789, la escritora francesa Olympe de Gouges publicó en 1791 la “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”. Baste con decir que el prólogo comienza con un golpe al hígado del machocentrismo oficial: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Es una mujer quien te lo pregunta”. Pequeña nota al calce: Olympe fue guillotinada en 1793.

Un año después de la “Declaración” de Gouges, salió en Inglaterra el tratado filosófico “Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft. El libro está dedicado, con clara intención irónica, al duque obispo Charles de Talleyrand. El mentado había escrito un panfleto en el que justificaba la instrucción estrictamente doméstica para las mujeres. Wollstonecraft se da gusto refutando las teorías retrógradas de Talleyrand y defendiendo a brazo partido el acceso a la educación escolar para “la otra mitad de la humanidad”.

Ambas autoras emplazaron con vehemencia a quienes les negaban el debate de ideas. La muerte temprana les impidió continuar su obra cuestionadora. Como en desagravio póstumo, los movimientos feministas contemporáneos han honrado a esas fundadoras pasando de la interpelación formal a la acusación frontal.

Si Olympe y Mary hubiesen tenido a su alcance la herramienta prodigiosa del Internet, quién sabe cuánto tiempo y cuántos esfuerzos nos hubieran ahorrado. Por suerte, la era cibernética ha posibilitado la difusión masiva y la convocatoria instantánea que viralizan las protestas en un abrir y cerrar de ojos. Una de las más recientes y llamativas es el “performance” estrenado el pasado 25 de noviembre por el grupo chileno Lastesis y titulado “Un violador en tu camino”.

La representación consiste de una coreografía en la que mujeres con los ojos vendados ejecutan pasos de danza mientras recitan un texto de denuncia. Se identifican las formas de la violencia machista: hostigamiento, maltrato, violación, secuestro, asesinato… Se condena a las autoridades policiales y judiciales por indiferencia maliciosa. Y se repite, en cada estrofa, el estribillo “El violador eres tú”, que no sólo señala al individuo agresor sino al estado cómplice.

Grupos de mujeres en un sinnúmero de países han adaptado el “performance” a sus propios contextos. En Ciudad de México, sobre 2,000 se congregaron en el Zócalo al grito de “Ni una más”. En París, decenas de miles marcharon exigiendo acción gubernamental contra el feminicidio. Allí, frente a una Torre Eiffel iluminada, también se bailó “Le coupable c’est toi”. En Nueva Delhi, donde la violación de niñas y adolescentes es casi un deporte, pocas fueron, por razones obvias, las que se arriesgaron a manifestarse. Ese hecho revelador conmovió aún más que el propio acto.

En Puerto Rico, según el impactante informe “La persistencia de la indolencia”, realizado por Kilómetro Cero y Proyecto Matria, una mujer es asesinada cada siete días. Organizaciones como la Colectiva Feminista en Construcción, la Coordinadora Paz para la Mujer, el Colectivo Educativo por la Perspectiva de Género y las Musas Desprovistas se han movilizado en múltiples ocasiones para recabar medidas urgentes contra la mortífera epidemia de violencia. Resulta incomprensible que, estando ocupados por mujeres los principales puestos directivos de nuestro gobierno, no se hayan visto acciones contundentes para atajar la espantosa crisis humanitaria que vivimos.

Desde la militancia sufragista de Ana Roqué y el feminismo obrero de Luisa Capetillo hasta el presente, las puertorriqueñas han consolidado su propia tradición de lucha. Para despedir a este asombroso 2019, nada mejor que proponernos (incluidos los hombres) un 2020 igual de combativo. Ojos para ver, oídos para escuchar, sensibilidad para entender y valor para actuar es lo que se necesita.

Otras columnas de Ana Lydia Vega

domingo, 2 de febrero de 2020

¿Preparados para un terremoto?

El enero boricua 2020 hizo honor a su padrino mitológico: empezó al son festivo de la pirotecnia, acogió la sacudida cruel de nuestra tierra y cerró con el repique combativo de las cacerolas, dice Ana Lydia Vega

domingo, 5 de enero de 2020

Inventario navideño

Ana Lydia Vega hace un repaso de esta última temporada navideña y concluye que la Navidad puertorriqueña es la mejor del mundo.

💬Ver 0 comentarios