Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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“¡Murió papá!”

El 6 de febrero de 1945 recibí un carrito de pedales que, aunque reciclado por el racionamiento de metales “los Reyes” innovaron añadiéndole luces de batería, por lo que en el crepúsculo del 12 de abril iba contentito pedaleando por la acera cuando de súbito oí una mujer gritar aquel terrible lamento.  Corrí despavorido a los brazos de mi madre, quien con suma ternura me calmó explicando que el muerto no era papá sino un señor Roosevelt que era presidente de Estados Unidos.

La figura paternal del presidente está arraigada en la colonizada psiquis puertorriqueña desde que la extrema pobreza en que nos cogió Washington en 1898 nos hizo creer que el mitológico “Tío Sam” era un padre protector.  Luego la política del “Nuevo Trato” del presidente Roosevelt prohijó la extrema dependencia puertorriqueña en las transferencias y programas de asistencia social federales como panacea a nuestra escasez económica, y en el pueblo humilde se anidó la reverencia al morador de turno en Casa Blanca.

Así fue – entre presidencias benignas o indiferentes – hasta el rudo encontronazo con Donald Trump.

María nos dejó ciegos y sin idea, y a muchos nos pareció exagerada la desesperación de nuestros parientes del Norte hasta que, posteriormente, observando las grabaciones que allá transmitió la televisión nacional, finalmente asimilamos la horrible devastación sufrida en toda la isla.  Mirándolo desde tal retrospectiva, póngase dentro del pellejo del gobernador Ricardo Rosselló Nevares – con la realidad que él confrontó desde el primer día – para entender la responsabilidad por él asumida al informársele que para acá venía el presidente en su “Air Force One” a la ojeada simbólica de los daños y sus asesores recomendarle bregar la compleja personalidad del poderoso visitante.  Cualquiera con menos temple pudo haberle reaccionado como se merecía la primera insensible andanada de Trump en el aeropuerto, mencionando lo que le costaría, como si fuera dinero propio, atender el desastre de Puerto Rico… cualquiera pudo haberle devuelto al rostro los rollos de papel que desvergonzadamente el presidente tiró a la gente en Guaynabo.

A lo largo de los 18 meses post María, sin duda que pensando en la necesidad de su pueblo, el gobernador Rosselló ha sido diplomático y cauteloso con la irreverencia, insensibilidad y arrogancia de Trump y su Casa Blanca… hasta que, Enough is enough!  Pensada o no como estrategia mediática, la reacción del gobernador en la entrevista de CNN sale del alma.  Desde que en 1917 Estados Unidos nos hizo sus ciudadanos, los presidentes nos gobiernan sin nuestro consentimiento expresado con el voto en las urnas y sus firmas sobre el papel de las leyes y resoluciones que nos otorgan fondos federales, no son dádivas sino derechos adquiridos.  De todos los que desde entonces han pasado por Casa Blanca, si a este de ahora lellamaran “papá”, sería un padre cruel, mal tratante e inhumano que además del puño en la cara, merecería estar preso.

Como cantó Chucho Avellanet en su inolvidable hit: “¡Se acabó, mi amor lo mataste!”

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