Carlos Dalmau Ramírez

Tribuna Invitada

Por Carlos Dalmau Ramírez
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Nació la Generación R

El miércoles, 20 de septiembre, el huracán María, convertido en un monstruo implacable, atravesó Puerto Rico con todas sus fuerzas, dejando una estela de muerte, pérdida, dolor y carencia. Ese día, 20 de septiembre, en medio de la tempestad que rasgaba nuestras casas y las lluvias que arrasaban nuestros pueblos, de esa lucha por la supervivencia, del temor por la vida de quienes amamos, nació la generación R. A esta generación le toca ser testigo y dar testimonio a la posteridad de la realidad atroz que vivimos durante estos días, sin escapismos, sin juegos políticos, sin simulaciones.

La Generación R es desde su nacimiento una generación rebelde, presta a luchar, a vivir, y adaptarse. Con este nacimiento se marca el fin del mito del puertorriqueño dócil, del pueblo-víctima, sumiso y resignado. Aquí hay un pueblo tenaz, en plena lucha por sobrevivir y decidido a levantase. El huracán María nos trajo nuestra “guerra” fundacional, nuestra batalla originaria, nuestra prueba de fuego moral. Nuestro futuro depende de cómo libremos esta batalla hoy.

A este nuevo Puerto Rico no le tocó nacer en una cumbre luminosa, ni en la mítica tierra de la leche y la miel. Nació en el fango de las lluvias, en los vientos destructivos y en la apoteosis del dolor. Y nació igualmente de la voluntad de levantarse y luchar y de no ser víctima a pesar de ese dolor.

Paradójicamente, hay algo que ganar ante esta nueva realidad. Esta generación nace lúcida, sin ilusiones ni auto-engaños, de modo que será más sabia. Nace con furia y ganas de luchar, de modo que su espíritu será más resiliente. Nace con sentido del deber y compasión, de modo que será más justa y solidaria. Nace del deber ineludible de reconstruir a Puerto Rico como un mejor país, más fuerte, más justo, más consciente de la naturaleza y su cuidado, más educado y más alerta ante el abuso de los poderosos.

El camino será difícil. En ese arduo caminar por el desierto será preciso volver a lo esencial: renacer en nuestros valores; reparar nuestra democracia rota; reverdecer nuestro ambiente; y reclamar nuestro lugar ante Estados Unidos y el mundo. Ese es el llamado de la generación R, cuya tarea exige disciplina y nuevos hábitos para no perdernos en el camino.

Si esta generación de la Reconstrucción cumple su misión existencial, llegaremos a la tierra prometida de un Puerto Rico democrático, sustentable y feliz. En la generación R no hay espacio para el resentimiento, lo trivial y lo mezquino: estamos llamados a lo grande, a lo noble, a la gloriosa tarea de refundar un país.

Cuando alguien le quiera poner una etiqueta de esas que tanto se manosean a diario –sea Boomers, sea Generación X, sea Millennial o cualquiera otra– diga que no, que ahora todos somos una sola generación de puertorriqueños y puertorriqueñas: la Generación R. La Generación R surge de la experiencia existencial del renacer. Esta experiencia nos interpela y nos convoca a todos sin excepción, a los de la isla y los de la diáspora, hombres y mujeres, viejos y niños pequeños, a todos.

Anticipo que la Generación R será la más leal al país y la menos sometida a las facciones partidistas y a las sectas que nos han separado hasta ahora. Esta recién nacida generación somos todos los puertorriqueños dispuestos a luchar por el futuro de esta tierra. Es la generación que asume libremente, llena de valentía y de amor, la misión enorme que nos ha tocado: la Reconstrucción de Puerto Rico.

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