Yannielle Ramos

Punto de vista

Por Yannielle Ramos
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Necesario el análisis bioético ante la pandemia

Me conectaba esta mañana al seminario ofrecido por el Consejo de Bioética de Nuffield, en Inglaterra. Trajeron una profesora de ética invitada desde Wuhan, China (provincia donde se dice que comenzó la pandemia del COVID-19). Los planteamientos sobre bioética jamás fueron tan pertinentes.

Desde el siglo pasado, nacida de la medicina, el derecho, la filosofía y las ciencias sociales, la bioética ha venido posicionándose entre las disciplinas académicas más interesantes y de gran demanda. Su nacimiento en la década de los 70 coincidió con el esfuerzo internacional de una carta de derechos humanos global y con enormes avances tanto científicos como tecnológicos.

La bioética ofrece una reflexión seria y se nutre de varias disciplinas, para crear unos principios básicos y provocar un análisis sobre la vida (de ahí su raíz, “bio”). Pero, además, avanza el contenido ético (de corte filosófico) y trae los temas sociales a esa discusión. Es por eso que, para algunos, podemos hablar de bioética clínica y bioética social.

No es secreto que los profesionales a nivel internacional están haciendo de tripas corazones y se han amparado en su mayor esfuerzo para combatir esta pandemia sin precedentes. Los gobiernos y los organismos políticos internacionales están invirtiendo todos sus recursos en la búsqueda de una pronta solución a esta situación de salud. Pero la naturaleza de esta pandemia se volvió también social, porque la salud de la gente se ha visto tan comprometida, que han sido la economía, la salud mental y la dinámica social las que se han visto afectadas.

Y ahí es donde comienzan las consideraciones bioéticas. El discurso comienza con el debate sobre la vida humana vs el derecho humano. ¿Cuál de ambas podemos preservar, sin afectar la otra? Podemos decir que tenemos derecho a vivir, pero ¿qué hacemos con las personas que arrojan positivos al COVID-19 y se niegan al aislamiento o a futuros tratamientos o vacunas? ¿Hemos pensado en la difícil situación que enfrenta el personal médico, sin sus familias y su descanso, debilitando sus fuerzas y sus sistemas inmunológicos? Y en ese tema, estamos perdiendo. La comunidad de profesionales de la salud es limitada y reducida, porque le redujeron sus oportunidades. Muchos se fueron y otros piensan irse. 

Por el lado clínico, ¿todos los ciudadanos tienen igual, justo y libre acceso a las pruebas? Hay jurisdicciones donde las personas que mueren, como el enfoque está solo en la pandemia, quedan catalogados como muertos por el COVID-19. ¿Eso está pasando en Puerto Rico? Y si es así, quiere decir que los números que publican a diario no son tan fidedignos. En caso de un crecimiento exponencial de casos de contagiados y con los recursos limitados con los que contamos, ¿tendremos que decidir a quién tratar y a quién no? ¿Habrá consentimiento, aun cuando algunas funciones de la persona se lo impidan? ¿La autonomía del paciente se verá comprometida?

Todas estas son preguntas serias y que nos recuerdan que la bioética no es solamente una clase que se ofrece en la universidad o que es reservada para los profesionales de la salud. El pensamiento bioético es para todos.

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