Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Nefasto matrimonio entre odio y armas

A menos de dos semanas de la trágica masacre en Pittsburgh, ocurre una nueva matanza en California, lo que demuestra que ese tipo de violencia social se está multiplicando en Estados Unidos. 

Solo en 2018, 54 víctimas inocentes sucumbieron al poder homicida de asesinos que descargaron sus odios en lugares con gente conglomerada, inadvertida e incauta, de todas las edades y condiciones. Entre 2012 y 2018, 239 tiroteos acaecieron en institutos, escuelas, trabajos y lugares de entretenimiento. Es un grave problema de seguridad pública y de terrorismo interno.  Detener la ola sangrienta, requiere asignación de recursos extraordinarios y políticos valerosos que enfrenten a grandes intereses.

Los asesinos de matanzas comparten características: son varones con actitudes supremacistas y racistas, tienen frustraciones recientes en su vida personal (no todos responden a maltrato en la infancia), tienen dificultad para establecer relaciones estables, carácter explosivo y personalidad errática al enfrentar estresores. No quieren ser arrestados; prefieren el suicidio como su acto final. 

Sus homicidios no son impulsivos sino planificados, lenta y cuidadosamente. Los rifles de asalto, como el R-15, son sus armas preferidas. En opinión de expertos, la selección de sitios con muchedumbres demuestra una planificada intención de asegurar el éxito de su “misión” pues ni siquiera necesitan buena puntería. No son empáticos ni piadosos. Aunque alegan actuar por una causa, no son adeptos reales, tal vez simpatizantes, de los grupos que dicen representar. 

Expertos forenses, como el psicólogo J. Reid Meloy (2017), dicen que la cobertura en noticias activa imitación y atracción en personas con problemas, “lobos solitarios”, que quieren notoriedad al descargar su coraje. Contrario a creencias populares, la mayor parte no tiene diagnósticos de trastornos mentales pero tiene historial de algún evento crítico precipitante como despido laboral, rompimiento de relaciones afectivas, perdida personal (estatus, familia, rutinas) o algún episodio de “bullying”. Muchos tienen familiares cercanos con historial delictivo. Desarrollan fascinación con armas y actividades violentas, obsesión fortalecida en las redes sociales. El odio domina sus emociones y el prejuicio sus actitudes. 

Más allá del perfil forense del asesino, existe el problema de las armas, el medio instrumental que escogen para sus delitos. Destacan varios problemas: el acceso cada vez más fácil, el poder mayor de las modernas armas de fuego que cargan más municiones y disparan con mayor rapidez sin recargar, modificaciones ilegales como el “bump stock”, la eliminación o inoperancia de leyes de control de armas, el poder político de las organizaciones de armeros que promueven el derecho a las armas y subvencionan políticos, la erotización de la violencia, la aculturación hacia la muerte violenta fomentada en juegos electrónicos, la notoriedad instantánea que cobran en las redes sociales, la industria de películas y la atención de los medios noticiosos. 

Los profesionales de la salud mental anticipamos el efecto de esta violencia en la generación de niños y jóvenes que emerge como testigos-víctimas de estos incidentes, en los que la seguridad de la buena gente corre peligro en cualquier sitio o momento. Por cada inocente fallecido, herido o incapacitado, existe una familia y comunidad sobreviviente en duelo o terapia, lo que multiplica exponencialmente la cantidad de personas aterrorizadas, traumadas, deprimidas o afectadas. 

Por la forma cruel e injusta en que se produce la pérdida, el duelo por muerte violenta tarda mucho tiempo en superarse. Psicólogos norteamericanos predicen aumento en trastornos emocionales como estrés postraumático y alteraciones afectivas producto de estas experiencias de total impotencia ante la crueldad del criminal terrorista.  

Estados Unidos necesita acción afirmativa para detener los episodios de asesinos solitarios. Este tipo de violencia es evitable pero solo con medidas firmes contra la liberalización de las armas y la trivialización de la violencia como fuente de entretenimiento mediante reeducación del pueblo. Se necesitan políticos dispuestos a retar el poder de las organizaciones defensoras de armas. En Puerto Rico debemos evitar una plaga similar al considerar permisologías de armas de fuego. Ya tenemos bastante violencia como para liberalizar más las armas endiosando la cultura de la pistola. Comencemos no regalando juguetes bélicos en estas Navidades.

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