Eusebio Ramos

Tribuna Invitada

Por Eusebio Ramos
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Negocio con los confinados

Es necesario buscar alternativas responsables y serias para afrontar la crisis fiscal y la quiebra económica que sufre país. ¡Cuánto desearía que se enfrentara y se superara esta difícil situación a través del consenso, el diálogo social, la escucha respetuosa, valorando la creatividad de nuestra gente y considerando las iniciativas y aportes que brotan en nuestro suelo puertorriqueño!

Sin embargo, los caminos desacertados y equívocos se repiten una y otra vez. No es comprensible que se sigan otorgando sueldos jugosos y comprando costosos vehículos blindados cuando el país está en quiebra económica. Mientras, el peso y la principal responsabilidad de esta deuda fiscal se impone a los más vulnerables: estudiantes, jóvenes, maestros, empleados públicos y privados, ancianos, enfermos, y ahora los confinados. Nuestros jíbaros solían decir: “los platos rotos los pagan los más pobres” y “la soga parte por lo más fino”. Sabiduría popular que queda en el olvido, mientras, los verdaderos responsables de esta quiebra fiscal siguen sin inmutarse ni enterarse.

También, es cierto que nuestro pueblo está atrapado en un colonialismo histórico brutal, indigno y asfixiante, que fue alimentado por mentiras, engaños, complicidades y oportunismos políticos a través de muchos años; y muchos lo toleramos y nos acostumbramos a ser “colonizados”. Este colonialismo acarrea una dependencia y actitud conformista que nos enferman y van dañando nuestros valores más profundos. Se desprecia la cultura y la identidad que nos hace ser pueblo, se desmantelan las instituciones y proyectos que forjaron nuestros abuelos, y se ciega el espíritu y las mentes se adormecen, cada vez más. Pero ahora, más nunca, necesitamos con urgencia que nuestras mentes estén despiertas y atentas a los signos de los tiempos. Nuestra única opción para nuestros jóvenes y profesionales no puede continuar siendo la guagua aérea.

La ineptitud e insensibilidad de muchos ante el paso del huracán María tienen que ser superadas. Casi un año después, a regañadientes y de manera forzada, hemos aceptado que el número de muertes estuvo por mucho, por encima de los mil. Ni siquiera fuimos capaces de ver el número elevado de víctimas y de muertos como consecuencia de una devastación catastrófica que vivió el país. Y seguimos atónitos ante la insensibilidad al cobrar multas por peajes que no tenían electricidad y participamos con cierta indiferencia ante la forma orquestada en que se desmantela el sistema público de educación y se desprotegen los recursos naturales de la isla.

Recordemos que, así, ocurrió con el sistema de salud y ahora no valen las lamentaciones, pero los más vulnerables sufren las consecuencias. A esta forma errática de afrontar los graves problemas sociales y fiscales de Puerto Rico se suman nuevas medidas que siguen afectando a grupos particulares, tal es el caso de los confinados. Se pretende abaratar los costos de las cárceles del país con la transferenciade confinados a cárceles americanas privadas, haciendo de esta acción un gran negocio donde los presos se convierten en números y en signos de dólares. Puede haber transferencias de confinados, pero con procesos trasparentes, humanos, estudiados y trabajados, de tal forma, que se proteja la dignidad e integridad de éstos que se encuentran en condiciones restringidas de libertad. La experiencia de muchos confinados que ya han vivido esta experiencia de traslado es negativa pues se han sentido engañados.

Hay un aspecto que debe ser considerado cuando hablamos de transferir confinados a otras jurisdicciones. Se debe evitar que este traslado obstaculice la realización de una justicia restaurativa que atiende la realidad humana profunda del confinado y las necesidades de las víctimas. Los confinados en su propia realidad social, ayudados por programas de formación humana y sicológica, acompañados de pastorales que atienden su realidad espiritual y por recursos de su propio ambiente, ciertamente, tienen mayores posibilidades de encontrar caminos de reconciliación para reparar el tejido social roto por sus acciones indebidas. Estamos ante personas heridas y de condiciones especiales, que lo menos que necesitan es que se trabaje con ellos de forma atropellada y donde son determinantes los intereses económicos.

Al observar las cárceles donde se pretenden ubicar a más de 3,000 confinados, vemos que se trata de prisiones privadas que están haciendo de este grupo particular un gran negocio. Lo que más importa no es la rehabilitación y la nueva inserción en la sociedad sino los contratos millonarios que enriquecen a muchos a costa del dolor y el sufrimiento de rostros humanos. Rostros, no solo de los confinados como principales implicados, sino de las familias e hijos que quedan atrás, sin contacto y con muchas dificultades para la comunicación con sus seres queridos.

Ahora, las nuevas compañías que se mencionan aparecen en Arizona y en Mississippi. El proceso hasta ahora, ha resultado ser apresurado y escaso de transparencia. Se observa urgencia por lograr unas cantidades de confinados para poder sacar números y hacer negociaciones. Sin embargo, estos centros ya tienen muchos señalamientos porque acogen grandes cantidades de confinados que generan enormes ganancias a costa de servicios de salud, educación y recreación. Además, tengamos presente que nuestros confinados serán alejados de sus familiares, que muchos no dominan el inglés y que serán custodiados en un sistema correccional con personal de otra idiosincrasia y cultura. Aunque se pretende abaratar costos, la dignidad del ser humano debe ser protegida y respetada en toda circunstancia. Parece que se impone una nueva forma de tráfico humano, con la bendición del estado y que responde a meros intereses económicos. ¿Hasta cuándo Puerto Rico?

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