Ana Teresa Rodríguez Lebrón
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Nepotismo oportunista

En estos días coincidí en la radio con un “monólogo” de la comisionada electoral por el Partido Nuevo Progresista (PNP), Norma Burgos, donde intentaba defender el honor y reputación no de ella sino más bien de su hijo, Roberto Benítez Burgos. Esto a raíz del señalamiento, por el Presidente del Senado, Tomás Rivera Schatz, de posibles irregularidades administrativas. Al trote que vamos, alguien externo a esta ínsula podría erradamente concluir que a nuestros servidores públicos les sobra tiempo. Que ante la escasez de problemas reales, pueden darse el lujo de andar de chismografía.

El problema de estos “lleva y trae”, además de la vergüenza ajena que causan, es que terminan por minimizar lo que realmente debe de estar en tela de juicio; por ejemplo, el efecto del nepotismo y el oportunismo. ¿Por qué no se está discutiendo cómo el hijo de una comisionada electoral llega en primer lugar al puesto que hoy ocupa en la Comisión Estatal de Elecciones? Para cuándo llegará el debate de cómo en nuestras instituciones públicas reinan los apadrinados con salarios desproporcionados.

Quizás cuando único están dispuestos a denunciar el fenómeno, es cuando otro padrino le “roba el tiro”.

El nepotismo y oportunismo abierto y rampante que vivimos en este chiste democrático, le quita a uno hasta las ganas de seguir en la brega. Nuestra gente con talento y voluntad, cual canción el “Wanabi”, se agotan de la lucha diaria por un espacio que, desde un inicio, ya tiene nombre y apellido. Aquí se hereda el éxito y el poder. Pesa la sangre más que las credenciales.

Pareciera que en lo único que son bueno, es inventando puestos y salarios que terminan por convencer al buscón de que sí es importante. Con el nepotismo y oportunismo nos llega la ineptitud. Las deudas por favores. La quiebra. Lealtades atadas al miedo de volver a la insignificancia de lo que realmente son.

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