Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Ni fu, ni fa

La Encuesta de El Nuevo Día llegó a tener alguna vez consecuencias francamente dramáticas. En una ocasión, por ejemplo, la entonces gobernadora Sila María Calderón le dio una fuerte sacudida a su gabinete, luego que La Encuesta arrojara una inquietante insatisfacción del público con su equipo de trabajo. Otras veces ha provocado en la clase política, subidas de presión, desgarramientos de corazón, sudores fríos imprevistos e injustificados y hasta rupturas de matrimonios (políticos, obviamente).

Hay gente, sin embargo, a quien nunca le ha dado ni fu, ni fa lo que diga La Encuesta de El Nuevo Día, ni ninguna otra, dicho sea de paso: los miembros de la Junta de Supervisión Fiscal. Es posible que esta mañana, al ver que al día de hoy solo el 16% de los puertorriqueños apoya su gestión, hagan alguna expresión para sí mismos en la línea de “miren, qué cosa” y, con un bostezo de café, continúen sin exabruptos rehaciendo las finanzas y las vidas puertorriqueñas.

A ellos no los oiremos diciendo “las encuestas son instrumentos de trabajo”, “nuestros números dicen otra cosa” ni “la encuesta que cuenta es el día de las elecciones”, precisamente porque, como sabemos, la Junta no va a elecciones, ya que es una imposición antidemocrática del gobierno de Estados Unidos cuya composición ni acciones tienen nada que ver con la que pueda ser la voluntad del pueblo de Puerto Rico.

Esa es, precisamente, la contradicción insalvable, fundamental, de raíz, que tiene la Junta y su relación con Puerto Rico. Hoy apenas el 16% aprueba su gestión, lo cual revela que, sin duda, desde el punto de vista del país, de la gente de carne y hueso que vive y respira aquí, de los que no se han ido como se fueron más de 500,000 en los últimos diez años, está haciendo un trabajo terrible. Pero, trágico caso nuestro, no hay nada que podamos hacer con esa información.

A un político normal que descienda a tales profundidades, que ha pasado, y volverá a pasar, le podemos decir “goza ahora, nos vemos en las elecciones”. Con la Junta, no tenemos esa opción tan natural en todos los pueblos, como lo es el poder pedir cuentas a los que tienen a su cargo los asuntos de su vida colectiva. El apoyo a la Junta puede bajar mañana a 0% y con eso no pasará nada, porque la decisión no es nuestra, sino de un presidente por el que no votamos, con el consentimiento de un Congreso en el que no tenemos representación con voto.

Si esto fuera normal, La Encuesta los ponía nerviosos, cambiaban curso, escuchaban más, mostraban, quizás, un poco de sensibilidad. Pero no es normal. Tocamos a la puerta y nadie responde.

Mucha gente se equivocó con esto de la Junta, aunque la mayoría no quiera reconocerlo ahora. El del todo comprensible hastío con una clase política incompetente e irresponsable que llevó al país al barranco hizo a más de uno caer en la tentación de pensar que un organismo antidemocrático podía resolver por la fuerza lo que nosotros no habíamos podido resolver por medios democráticos.

Otros cedieron al chantaje del Congreso y, amenazados con que no habría mecanismos de manejo de deuda sin supervisión antidemocrática, aceptaron la Junta sin chistar.

La experiencia de los pasados tres años demuestra cuán equivocados estaban los que pensaban así: se nos va el tiempo en forcejeos con el gobierno que los puertorriqueños eligieron, mientras la Junta, por no deberse a nadie, arremete con fuerza contra los sectores más vulnerables como lo son los pensionados, los estudiantes de la UPR, los empleados públicos y los trabajadores de bajo nivel en el sector privado.

Al mismo tiempo, está llegando a acuerdos con bonistas de los que múltiples estudiosos dicen que no se podrán cumplir, ocasionalmente, hay que decirlo, con la anuencia del gobierno electo por los puertorriqueños y al cual, en su momento, vamos a pedir cuentas en las urnas.

Además, se le ha visto gastando cantidades inimaginables de dinero en la asesoría con la que ha tratado de montar un gobierno paralelo al electo por los puertorriqueños, en abogados, en cabildeo y hasta en relaciones públicas.

Dado este cuadro, es que el nivel de aprobación de la Junta ha tenido la estrepitosa caída revelada por La Encuesta, de 69% en octubre de 2016, cuando el organismo era una silueta que cada cual se imaginaba de acuerdo con su deseo, hasta el triste 16% de hoy.

Ese porcentaje va a bajar todavía más. La Junta va a alcanzar pronto un plan de ajuste de la deuda constitucional. Dada la experiencia, hay grandes posibilidades de que sea a niveles que hagan indispensables recortes aún más brutales en los servicios que reciben los puertorriqueños del gobierno. Viene ya, sin que parezca que nadie lo pueda evitar, el recorte a las pensiones. 167,000 antiguos trabajadores del Estado, la mayoría en situaciones económicas muy precarias, sufrirán ese latigazo inclemente.

Ese desprecio no les va a importar a ellos. No le va a importa a nadie. No habrá drama esta vez.

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