Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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Nina Droz y el gobierno federal

No es cualquier muchacha harta de este gran sistema de la explotación. Parece, de hecho, imperturbable; llevando sus seis pies de altura, su pelo rojo brillante, sus mahones rotos, con la parsimonia de quienes sienten ese límite donde ya no queda mucho que perder.

Cada vez que veo sus fotos, empiezo a reconocer en ellas nuestra ira expansiva. En la mirada medio rasgada, envanecida, el deseo colectivo de ir hasta el otro lado de la rabia.

En medio de la crisis de derechos humanos que vivimos en Puerto Rico, no se nos puede escapar la perversidad que sigue exhibiendo el gobierno federal. Hemos criticado a la Junta, a la Policía, al “gobernador”, a la Legislatura por violentar los derechos fundamentales de la gente. Pero el responsable mayor, el autor intelectual y primer cómplice de estas violaciones es Estados Unidos.

A Nina Droz, la joven arrestada y encarcelada tras la protesta del 1 de mayo, fue el gobierno federal quien la seleccionó como “niña símbolo” de lo que no deben seguir haciendo los arrimados de su “hacienda”: protestar.

La eligieron para el escarmiento. La acusan ridículamente de querer quemar un enorme edificio de cemento con un fósforo. En dos meses que lleva presa no han querido darle sus medicinas para una condición de ansiedad crónica y cinco discos herniados. La han puesto en aislamiento, sin un matre, en el piso y con fiebre alta.

Una de las razones de ser del derecho a la libertad de expresión es la preservación de la paz social. Por eso ese derecho es fundamental. Existe y es ampliamente protegido para que la gente pueda expresar su malestar, su furia, hacer exigencias al gobierno cuando este no está respondiendo al pueblo, que es el soberano. Proteger ese derecho colectivo con amplitud y laxitud es una forma de preservar la paz. De lo contrario, las personas recurrirían a otros medios mucho más amenazantes para lograr reivindicaciones.

Criminalizar a esa joven que protesta y exhibe la ira de miles de nosotros; tomarla de rehén para evitar que el resto de la sociedad haga lo propio, eso es violencia de Estado, es abuso de poder y es tiranía. Es el gobierno federal el que incita a la desobediencia.

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