Madeline Román

Tribuna Invitada

Por Madeline Román
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Niños confinados: Un crimen contra la humanidad

Muchos asuntos pueden provocar el que detengamos nuestra rutina diaria, escribamos, alcemos nuestra voz a la altura de nuestros pensamientos. Y esto porque, como fue planteado por el filósofo español Fernando Savater, una vida sin examen no vale la pena vivirla. Los problemas se han vuelto inconmesurables, pero si hay un algo que siempre nos debe motivar a ese detenimiento reflexivo son aquellos actos que se constituyen en atentados contra nuestra condición humana. El gobierno y las políticas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, encarnadas ahora en la detención, separación y confinamiento de miles de niños, hijos de padres inmigrantes, no puede catalogarse de otra manera que, como un crimen contra la humanidad, algo que nos degrada a todos.  Fernando Savater plantea que hay una diferencia entre la ética y la moral. La moral siempre tiene que ver con el deber ser, con una normativa impuesta a la observancia de todos, pero la ética tiene que ver con la responsabilidad del sujeto en su carácter singular de evaluar la moral de una época. Tenemos que mirar la problemática de los inmigrantes con ojos éticos.

Dos grandes cuestiones atraviesan esta problemática: la cuestión jurídica y la cuestión política. Una de las grandes enseñanzas históricas en materia derecho la hemos aprendido del trayecto del derecho romano. El derecho romano estipulaba las relaciones entre los ciudadanos romanos, pero un derecho que sólo contemplara las relaciones entre romanos, no servía de mucho para relacionarse con los no romanos. Y sin, embargo, la mano que alimentaba el sistema era esclava o semi esclava (los llamamos pueblos bárbaros). Hoy por hoy, podemos decir que el común denominador de amplios sectores poblacionales, principalmente en el contexto de las grandes ciudades, es su condición de no ciudadanos. Al igual que con el derecho romano, también hoy podemos decir que, un derecho que sólo confiera derechos a las personas en virtud de ser ciudadanos no nos sirve de mucho para relacionarnos con los no ciudadanos. Nos urge acoplar nuestro estado de derecho a la altura de esta complejidad y de los tiempos. Hay que darle una vuelta de 360 grados al estado de derecho presente en aras de producir una herramienta jurídica capaz de encarar esta problemática.

La cuestión política. Hemos sido inducidos a pensar que lo opuesto de la democracia es el totalitarismo. De tal forma que, si hay democracia, no hay totalitarismo. Pero la gran contribución del filósofo italiano Giorgio Agamben ha sido plantear que nuestra contemporaneidad se caracteriza por la contigüidad democracia/totalitarismo. Es decir, democracia y totalitarismo viven en cuartos contiguos, uno al lado del otro. Agamben utiliza la metáfora de los campos de concentración para caracterizar lo que aparece ya para muchos como el “coqueteo” de los Estados contemporáneos con el fascismo.  Los centros de detención de niños son un campo, no hay otra manera de asumirlo y un campo cruel que nos pone de frente como los seres humanos hemos sido capaces de actos de crueldad para con los de nuestra propia especie que no encontramos en ninguna otra especie del planeta. Como fue señalado por Agamben, la contigüidad democracia/totalitarismo es el paradigma moderno que tendremos que aprender a reconocer. Nos va la vida en eso.




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