Héctor M. Pérez Acosta

Punto de vista

Por Héctor M. Pérez Acosta
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Niños y ancianos: las mulas del narcotráfico

El pasado lunes en la noche, unos sicarios, fuertemente armados, persiguieron a un hombre de 26 años en el residencial Santiago Iglesias en Ponce. Lo alcanzaron y lo ultimaron en la sala de un apartamento donde buscó refugio. Nos relata el parte noticioso, que el asesinato del joven hombre está vinculado al narcotráfico y que en el apartamento donde intentó esconderse, vive una joven con quien la víctima mantenía una relación amorosa. 

Hasta ahí, parece una noticia común y corriente de nuestro diario vivir, vinculada al trasiego de drogas, de aquellas a las que, a pesar de su gravedad, por su frecuencia nos hemos ido acostumbrando, como si fuera un capítulo más de una serie de Netflix de las que manejan el tema. 

Lo que añade la noticia, sin embargo, ha causado mucha sorpresa e indignación entre muchos. Y es que durante el tiroteo resultó herido un niño de cuatro años y que cuando este era atendido en el Hospital Doctor Pila, los médicos y enfermeras encontraron debajo de su camisa una bolsa plástica que contenía 156 envolturas de aluminio con heroína. A la abuela del niño también se le imputa la posesión de narcóticos que fueron encontrados en su cartera. 

Como he señalado antes, el negocio de las drogas es sumamente lucrativo y quienes lo manejan a los más altos niveles son muy poderosos. 

Lo ocurrido en el residencial Santiago Iglesias es una repetición o pequeña muestra de una conducta típica del mundo de las drogas en sus niveles operacionales del más bajo nivel organizacional. Los altos niveles de la operación nunca se dan a conocer - si se saben -ni se ventilan públicamente.  Solo que esta vez sale a la luz pública una de las herramientas que en ese mundo se utilizan frecuentemente: el empleo de niños y ancianos - no importa sus edades - como mulas en un importante eslabón para la distribución o mercadeo seguro de la “mercancía”.

Ojalá que estos hechos obliguen a las autoridades a repasar el enfoque punitivo que por décadas se le ha dado a la atención de este flagelo y que ha resultado ser totalmente inútil. 

Mientras tanto, tenemos que anotar estos eventos como otra muestra más del fracaso de la “guerra contra las drogas”


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