Zacha I. Acosta González

Tribuna Invitada

Por Zacha I. Acosta González
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Ni por magia ni suerte el legado de Mónica Puig

Le pueden llamar el arte o la ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo. Eso se llama magia, según la Real Academia Española.

También como lo expresa una de esas famosas frases con las que tropecé causalmente en la vitrina facebookera de una medallista de bronce mundial juvenil en esgrima hace algún tiempito: “Dicen que tienes suerte, pero no saben que trabajar más de 14 horas al día, ya es rutina. Dicen que fue obra del destino, pero saben las miles de veces que intentaste algo hasta que por fin lo lograste. Dicen que no todos nacen con una mentalidad como la tuya, pero no saben cómo te temblaron las piernas antes de arriesgarlo todo por un sueño. En fin, ellos solo dicen…”.

Hoy paso revista como algunos de ustedes con una taza de café a hojear el periódico; navegar por las memorias de las redes sociales; verificar los medios especializados en deportes; recorrer las canales para saber su programación especial; salir a dar la vuelta a la Placita de Santurce; y, obvio compartir con ustedes el valor de lo que no fue ni magia ni suerte un sábado, 13 de agosto de 2016 para la primera fémina en ganar la medalla de oro para Puerto Rico en el deporte del tenis, Mónica Puig Marchand, en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, Brasil.

Puerto Rico estaba anclado en la ciudad carioca con una delegación histórica, ya que era la primera vez que su composición era dominada por mujeres, 27 féminas y 13 hombres, capitaneados por la primera dama en presidir el Comité Olímpico de Puerto Rico, Sara Rosario Vélez.

Ya estábamos con el orgullo boricua inflado: el medallista de plata Londres 2012, el luchador Jaime Espinal, era nuestro abanderado. Los tenimesistas Adriana Díaz y Brian Afanador, la tiradora de rifle Yarimar Mercado, el equipo de Voleibol Femenino, la heptalista Alysbeth Félix y el triatleta Manny Huerta hacían debutar a Puerto Rico con sus disciplinas en unas Olimpiadas.

Se unían a ellos un coro de nuevos debutantes en deportes que habían visitado el terreno olímpico como: los finalistas olímpicos, el clavadista Rafael Quintero y el saltador a lo alto Luis Joel Castro; la especialista en 110 metros con valla Jasmine Camacho-Quinn; la judoca María Pérez; el semifondista Andrés Arroyo; la velocista Celiangely Morales; la taekwondista Crystal Weeks; la jinete Lauren Billys y su ejemplar Castle Larchfield Purdy; la pertiguista Diamara Planell; el saltador a lo alto David Smith; la vallista Grace Claxton; y el ciclista Brian Babilonia.

Otros atletas repetían sus actuaciones como el vallista y medallista de bronce Londres 2012, Javier Culson, el luchador Franklin Gómez, la judoca Melissa Mojica, la nadadora Vanessa García, el boxeador Jeyvier Cintrón, el semifondista Wesley Vázquez, el vallista Eric Alejandro, la fondista BeverlyRamos y la levantadora de pesos Lely Burgos.

¿Dónde pongo a Mónica? Mónica fue y será siendo la líder del #EquipoPUR de este ciclo 2013-1016. Es la que puso el sello de oro a la Delegación. Es la que demostró que el ADN del deportista puertorriqueño sirve para ganar oro olímpico. No fue por acto de magia, ni por suerte. Fue por trabajo arduo.

Nadie puede decir qué desde el domingo, 7 de agosto de 2016 la historia de Puerto Rico a nivel olímpico cambiaría. No estaba escrito en ningún vaticinio. Las victorias llegaban de una cancha pequeña a través de una tenista de 22 años llamada Mónica Puig Marchand vestida con su uniforme rojo de listas blanca.

Las víctimas de la “Pica Power” fueron de Eslovenia (Polona Hercog, 7.8.2016), Rusia (Anastasia Pavlychenkova, 8.8.2016), España (Gabriña Muguruza, 9.8.2016), Alemania (Laura Siegemund, 11.8.2016), Checoslovaquia (Petra Kvitova, 12.08.2016) y finalmente, la alemana Angelique Kerber el 13.8.2016.

Dentro de cada una de esas victorias se aprendía algo nuevo. Respetar la contrincante. Aferrarse a la meta. Creer en sí misma. Luchar por el sueño de toda una vida. Prevalecer ante la valentía y no claudicar frente al miedo. Trazar un plan, cumplirlo ante los imprevistos como los eventos atmosféricos que visitaron el 10.8.2016, suspendiendo el partido para el pase a semifinales. Inspirarse por un país. Unir un país.

Usar una motivación “¡Sí, se puede!” Confiar en el yo interior. Trabajar en equipo. Descansar es parte de la competencia.  Vivir el momento. Expresarse ante los medios, teniendo balance. No entrar en dimes y diretes, que sacan de zona mental al atleta con logros bien alcanzados por otros olímpicos que se respetan de igual manera. Esto y mucho más se puede seguir escribiendo en una lista interminable de lo que se aprendía viendo a Mónica jugar en cada pase de su pelota, en cada suspiro, en cada gesto, en cada sorbo de agua y en cada lágrima que derramaba por la victoria.

En las afueras se cosechaban más aprendizaje. El cómo explicarles a los colegas internacionales quiénes somos; el ser soberanos en el deporte con el conflicto político que enfrentamos día a día; el valor que cogía a diario la gesta que lograba Mónica; el retumbar de nuestro himno, La Borinqueña en el estadio olímpico. Era una película que se filmaba sin saber su final. 

Por primera vez, Puerto Rico ganaba su primera medalla de oro en unos juegos olímpicos desde sus inicios en el movimiento olímpico en las Olimpiadas de Londres 1948. La medalla que falta, para sacar del imposible a lo posible a los perezosos. Vino de una desconocida por el mundo internacional y de una mimada en Puerto Rico que había pedido perdón en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 por haber ganado bronce, y de repetir su oro centroamericano en Veracruz 2014.

Nos dio una lección de creer. No había magia, era consistencia diaria en el torneo. El oro arropó la delegación de Puerto Ricodesde entonces. En Río de Janeiro ya no pasábamos desapercibidos. Mónica y su amiga la raqueta había volcado el interés del mundo hacía los puertorriqueños que nos encontrábamos en el Estado Olímpico trabajando, en las gradas y en la Villa Olímpica, y a la Isla.

La joven nacida en “La Isla del Encanto” puso a Puerto Rico en todos los titulares de los medios internacionales, y a correr al único periódico impreso de ese momento en la isla, El Nuevo Día, a terminar sus labores cerca de la 1:00 de la madrugada del 14 de agosto de 2016, para llevarse la única portada del histórico momento. 

Los atletas del #EquipoPUR siguieron compitiendo. Siguieron inspirados. Ya sabían que podían lograrlo. Mónica se despidió con una sonrisa de oro y un mensaje de que, sí se sueña, se logra. Se obtuvo dos finalistas olímpicos Quintero y Castro.

No importó que el drama nos haya tocado al final con la caída de Camacho-Quinn; sentimos como un pueblo se rindió ante Culson, por su falsa salida; y el fanático se solidarizó ante la injusticia vivida por Gómez.

Lo que prevalece ante todo esto y muchos más relatos que seguirán siendo contados desde el 13 de agosto de 2016 es el aprendizaje que trajo consigo el oro.

Dejemos que el oro siga brillando en nuestras mentes para seguir aflorando ideas y concretizando los planes que pueden surgir ante toda adversidad social que nos afecta como país y salir airosos con esfuerzo, dedicación y consistencia.

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