Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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No aprendimos de los ingleses

El sistema universal de salud del Reino Unido cumplió 70 años el pasado 5 de julio. El sistema Arbona fue la versión puertorriqueña creada para nuestros pobres en 1956. Copiaba ese modelo británico en el que proveedores gubernamentales brindaban servicios de salud directamente, sin intermediarios. El sistema Arbona alcanzó su cúspide en 1970, pero rechazamos extenderlo a toda la población en 1974 y finalmente lo abandonamos en 1993 en favor de la Reforma Rosselló.

Los británicos han mantenido, fortalecido y defendido su modelo por siete décadas, mientras nosotros optamos por montarnos en el vagón del sistema segmentado estadounidense, el más costoso e inefectivo que existe entre los países más desarrollados del mundo. El que ningún otro país, excepto nosotros, ha reproducido. Nos hemos aferrado a él como si fuese la panacea universal, aunque sepamos que no se ajusta a nuestra realidad económica de país pobre, aunque su costo sea insostenible. Y eso es así, porque la salud estadounidense es un negocio que solo favorece al que puede pagar, porque no cubre a toda la población ni funciona para mantener a la gente saludable, porque se concentra solo en lo curativo.

Por el contrario, múltiples países que han seguido la hoja de ruta pautada en 1948 por el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido y han adoptado alguna modalidad de sistema universal, han experimentado dramáticos incrementos en expectativa de vida.

La empresa investigativa estadounidense, Commonwealth Fund, ha estudiado los sistemas de salud de once países ricos. Estados Unidos ha ocupado la peor posición en seis ocasiones consecutivas desde 2004, porque ha sido inferior en acceso a servicios, cuidado primario, asequibilidad, eficiencia administrativa, calidad y resultados.

Puerto Rico logró en 1970 la expectativa de vida #14 más alta del mundo. Estábamos empatados con grandes potencias mundiales-Reino Unido, Francia, Italia y Japón- con 72 años cada uno. Hoy todos ellos nos superan en expectativa de vida (Japón e Italia 84 años, Francia 83, Reino Unido 82, Puerto Rico 80). En mortalidad infantil, las ventajas son aún más significativas (Japón 2.0, Francia 3.2, Italia 3.3, Reino Unido 4.3, Puerto Rico 6.4). Todos operan un sistema universal. Ninguno de sus residentes está desprovisto de acceso a la salud.

Aunque hayamos desaprovechado tantos años, nunca es tarde para hacer lo correcto: garantizar acceso a servicios de calidad a todo nuestro pueblo y mejorar continuamente su estado de salud. Pero tenemos que hacerlo a un costo asequible y sostenible para nuestra economía. El Reino Unido utilizó su desgracia durante la Segunda Guerra Mundial para elaborar un Estado de Bienestar (“Welfare State”) en que el gobierno protegería en la pos-guerra a los millones de británicos que tanto se sacrificaron y sufrieron por los intensos bombardeos alemanes. Aquel proyecto de solidaridad nacional contenía un Sistema de Salud implantado en 1948, preparado por el economista William Beveridge y apadrinado por el Ministro de Salud inglés 1945-1951, Nye Bevan.

El caos económico que los puertorriqueños hemos vivido durante la pasada década, la masiva emigración ocurrida y el jaque-mate de María en 2017 son más que buenas razones para iniciar un proyecto de país hacia la reconstrucción de Puerto Rico que imite el que los británicos exitosamente realizaron en la década de 1940 fuera de líneas partidistas. María ha dejado abundantes secuelas físicas, mentales y sociales, especialmente en toda la montaña y el sureste de la isla, por lo que nos urge actuar diligentemente para rescatar a nuestra gente más vulnerable de su profunda pobreza y desigualdad socio-económica, y para que renazca nuestra esperanza de que es posible un Puerto Rico mejor.

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